viernes, 10 de agosto de 2018

Buenos sueldos, malas cuentas


Tulio Ortiz Uribe

Si usted piensa que sólo los diputados, senadores, ministros, consejeros  y gobernadores son adictos a los grandes salarios, se equivoca. La plaga ya llegó al campus universitario, donde también se sirven con la cuchara grande.

Con un ingreso bruto mensual de 236 mil 739 pesos (aproximadamente 163 mil 940 pesos netos), Gustavo Rodolfo Cruz Chávez, rector de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS), es el directivo con uno de los salarios más altos del país.

Su sueldo casi iguala a lo que percibe Enrique Graue Wiechers, rector de la más grande y prestigiada institución de educación superior, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que, de acuerdo con su portal oficial, tiene una retribución neta mensual de 177 mil 895 pesos 74 centavos.

A manera de comparación, rectores de grandes universidades obtienen estos salarios: Abel Peñalosa Castro, rector de Universidad Autónoma Metropolitana, 123 mil 200 pesos mensuales; Alberto Fierro Ramirez, rector de la Universidad de Chihuahua: 100 mil 297 pesos; rector de la Universidad de Chiapas, Carlos Eugenio Ruiz Hernández: 131 mil 794 pesos; Javier Saldaña Almazán, rector de la Universidad Autónoma de Guerrero, 118 mil 144 pesos;  para el rector de la Universidad del Estado de Morelos, Gustavo Urquiza Beltrán, 126 mil 683 pesos y rector de la Universidad de Guadalajara,  Miguel Angel Navarro Navarro, 92 mil 324 pesos.

Pero no sólo Cruz Chávez tiene un sueldo que va más allá del tamaño y de los indicadores académicos relevantes de la UABCS, el tabulador de sueldos en poder de esta revista, indica que tres funcionarios allegados a la rectoría tienen estas percepciones sin descontar impuestos: Dante Salgado González, secretario Académico: 197 mil 747 pesos; Alberto Torres García, secretario de Administración y Finanzas, 173 mil 243 pesos y el Abogado General, Adrián de la Rosa Escalante, 115 mil 278. A esas cantidades habría que agregarles aguinaldo, bono por quinquenio, riesgo de trabajo, prima vacacional, incentivo al ahorro, apoyo de transporte, canasta alimenticia y despensa quincenal.

Así, esos cuatro funcionarios reciben anualmente más de 9 millones de pesos, suma mayor a la que devengan 50 profesores de asignatura "B" de esa institución educativa, que con un  promedio de 14 mil mensuales, ganan 8 millones 604 mil pesos al año y casi lo que obtienen anualmente 100 profesores de asignatura "A", quienes en conjunto se llevan 11 millones 633 mil pesos, con un salario tabulado de 9 mil 482 pesos mensuales.

Lo anterior está reflejado en el tabulador de sueldos 2018, enviado por oficio (SAF-84/18) el 9 de abril pasado por el secretario de Administración y Finanzas de la UABCS, Alberto Torres García, al doctor Salvador Malo Álvarez, director general de Educación Superior Universitaria de la SEP. Esos sueldos estarán  vigentes durante todo este año.

Universidad poco transparente
No obstante que la Ley General de Transparencia y Acceso a la Información Pública obliga a la UABCS a poner a disposición del público y mantener actualizada, en los respectivos medios electrónicos, "La remuneración bruta y neta de todos los Servidores Públicos de base o de confianza, de todas las percepciones, incluyendo sueldos, prestaciones, gratificaciones, primas, comisiones, dietas, bonos, estímulos, ingresos y sistemas de compensación, señalando la periodicidad de dicha remuneración "no lo hace.


La Universidad Autónoma de Baja California Sur es más bien una institución pequeña: alberga a cerca de 7 mil alumnos repartidos en 31 carreras de nivel licenciatura; tres programas de técnico superior universitario; así como alumnos de 11 posgrados de maestría y doctorado. Nada comparable con los 349 mil 515 alumnos de la UNAM en el ciclo escolar 2017-2018, o los 117 mil 221 tan solo en licenciatura que tiene la Universidad de Guadalajara, o la matrícula de 45 mil 207 alumnos en la Universidad Autónoma Metropolitana.

En el ranking de universidades nacionales, preparado por AméricaEconomía Intelligence (https://mba.americaeconomia.com/articulos/notas/ranking-de-universidades-de-mexico-2018), la UABCS ocupa el sitio número 45 ya que perdió cinco lugares pues el año pasado estaba en el escalón 40. Ahí se le clasifica con estos puntajes: Calidad Docente: 41.1; Investigación: 19.9; Prestigio: 5.9; Oferta de Posgrado: 34.8; internacionalización: 59.7; Acreditación: 47.6; Inclusión y Diversidad: 63.7 e Indice de Calidad: 35.18.

De acuerdo con la ANUIES, en las universidades públicas estatales la eficiencia terminal de los estudiantes es en promedio de 52%; es decir que por cada cien alumnos que ingresaron en una misma generación, la mitad no obtuvo el título.

Un informe de la UABCS del segundo trimestre del 2018 indica que de mil 210 alumnos inscritos en carreras de Ciencias Sociales egresaron 466 (38.5%) y de estos se titularon 95, tan solo el 20.4%.

Académicos entrevistados por este reportero que prefirieron el anonimato para evitar represalias, aseguraron que "la camarilla" que actualmente dirige la UABCS "no han tenido ni la visión ni el talento para elevar la matrícula y la eficiencia terminal, con todo y que tiene un presupuesto de 540 millones de pesos anuales; es decir un gasto por alumno de 77 mil 142 pesos, cuando que en la UNAM es de 67 mil 153 pesos.

martes, 24 de julio de 2018

AMLO o el costo que está dispuesto a pagar la élite: una reflexión en retrospectiva

Arsinoé Orihuela Ochoa

El triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha provocado una cascada de opiniones encontradas en México y el mundo. Nadie puede discutir que se trata de un acontecimiento político de alto impacto. Y eso explica que en este espacio también se viertan análisis u opiniones a granel sobre el asunto. El objetivo, sin embargo, es evitar que la euforia triunfalista o el derrotismo acostumbrado se apropien de las palabras. Rastreando lo que documenté o escribí en los últimos dos años sobre la figura de AMLO, encontré un artículo –publicado inéditamente en diciembre de 2016 en La Jornada Veracruz – que juzgué oportuno reproducir, acaso porque el contenido de profecía cumplida y el ánimo que en éste se expresa tienen más vigencia y verisimilitud en el presente.
El “romance” de AMLO con empresarios conservadores, que no pocos críticos han condenado, es absolutamente reprochable. No obstante, lo inédito es justamente esa condena, que en el caso de otros presidentes electos nunca figuró, por la sencilla razón de que nadie tenía expectativas de que esos mandatarios ungidos procedieran de otra forma. Estas expectativas no son accidentales, y responden a otro hecho inédito que cabe registrar en la historia: es la primera ocasión en México, desde Francisco I. Madero y el paréntesis de Lázaro Cárdenas, que existe una correspondencia entre eso que la teoría llama la “voluntad general” y los resultados oficiales de unos comicios. Esto no se puede perder de vista. Y más allá de las componendas cupulares en curso, el hecho por sí sólo –el de la vigilancia y condena– es un triunfo de la sociedad desorganizada. Si bien los zapatistas tienen razón en insistir que el único “cambio verdadero” es el de la autoorganización, no es menos cierto que esas franjas poblacionales mayoritarias, desorganizadas y pulverizadas moralmente por la violencia estatal, apostaron, en su desorganización, por el cambio que estaba a su alcance: la urna. La convocatoria del voto masivo (radicalmente anti-PRIAN) fue exitosa. Difiero con la idea de que se trató tan sólo de un voto de castigo. Las redes sociales dan cuenta de un voto convencido. Y allí radica el mejor antídoto contra la tradicional pasividad del electorado: será un gobierno fiscalizado escrupulosamente por la ciudadanía. Y esta es la adversidad que enfrentará AMLO. Porque un mandato electoral, por definición (y sin obviar que estas limitaciones ameritan una profunda reflexión crítica), no es una licencia para imponer el deseo de las mayorías; es apenas un mandato para representar a esas mayorías en las negociaciones con los intereses poderosos.
Es importante aprovechar el revulsivo moral para profundizar el involucramiento de la población civil en la política, y, como ya he insistido en otras oportunidades, rebasar a AMLO por la izquierda.
Con el propósito de nutrir el análisis, reproduzco a continuación el documento citado.

AMLO: el costo que está dispuesto a pagar la élite
Advierto que en un primer momento este artículo coqueteó con el título de “AMLO: el fraude de 2018”. Que al final decidiera cambiar el título no respondió a un amago de “moderación-modulación”, que es un gesto tan socorrido por el “lopezobradorismo”. Responde a una cuestión de acento: juzgamos más importante el análisis de los resortes anónimos que prefiguran el escenario político en puerta que la intriga estrictamente electoral que perfila el 2018. Y también responde, aunque sólo tangencialmente, a un reconocimiento al trabajo de Andrés Manuel López Obrador, a la perseverancia de permanecer dos décadas en el centro del acontecer político nacional, y a la indisposición de establecer coaliciones con los partidos del establishment tradicional, que es acaso uno de sus gestos políticos más meritorios.
Pero el contenido de la reflexión no mudó un ápice. Y el fondo de ese análisis es que AMLO representa la última oportunidad para el sistema político mexicano de salir de la crisis peligrosamente terminal que enfrenta. Es la última llamada para regenerar las fibras de la política institucional, y reconfigurar las estructuras de Estado con una direccionalidad políticamente sostenible, y ciertamente favorable para algunas fracciones de las élites. Como en Estados Unidos (aunque allá capitalizado por un conservadurismo cavernario), en México asistimos al ocaso de los tradicionales actores políticos institucionales cuya credibilidad es a todas luces nula. Cuando AMLO dice que es necesario salvar a México, entrelíneas proclama “salvar” la institucionalidad de México, esa que nunca en el siglo XX divergió del canon autoritario, ni en su modalidad nacionalista ni mucho menos en su envoltorio globalizador.
Los hiperacumuladores que gobiernan el mundo no están seriamente intranquilos o alarmados con el ascenso de figuras políticas pretendidamente “anti-establishment” (que no “anti-sistema”, aunque muchos “comunicadores” confieran a cualquier impostor esta cualidad, sin saber siquiera qué significa, y desnaturalizando el sentido profundo del concepto). Si el progresismo sudamericano no consiguió modificar sustantivamente la correlación de fuerzas (capital-trabajo) después de un ciclo de 15 años en el poder, es todavía más improbable que el ciclo nacionalista en Norteamérica altere ese reparto jerárquico. José Mujica admitió recientemente en entrevista: “La democracia contemporánea tiene una terrible deuda social y está desgraciadamente evolucionando a una plutocracia. En nuestra américa latina hay 32 personas que tienen lo mismo que 300 millones de personas. Y su patrimonio crece 21% anual. Eso no es democracia. Eso va contra la democracia. Porque la excesiva concentración económica termina generando poder político”. Esto lo dice quien fuera acaso una de las figuras más emblemáticas de la izquierda partidaria del siglo XXI. El nacionalismo que emerge en la región septentrional del continente es incluso menos transgresor que la fórmula “nacional-popular” del sur. Y por consiguiente es previsible que la cosecha de triunfos sociales resulte todavía más modesta.
En este sentido, AMLO es la posibilidad de reducir la tensión social en México, con un costo no tan oneroso para los dueños del país, y con base en una fórmula institucional que, en la primera oportunidad de malestar en las élites, el aparato judicial-mediático puede desbaratar sin muchos apuros, como hace en Sudamérica.
El conflicto de clase en México discurre por terrenos de alta potencialidad insurreccional. En este escenario, Ayotzinapa representa la posibilidad de subvertir todo el orden jerárquico en el país. La desaparición forzada de los 43 normalistas encierra todos los males de México: injusticia social, represión barbárica, contrainsurgencia militar, delincuencia organizada de estado, corrupción e impunidad. Prueba terminantemente que la acción del estado mexicano constituye un terrorismo de estado, cuidadosamente orquestado. Ese costo es el que quieren eludir las élites. Con AMLO en el poder, se diluiría el objeto de reclamo popular: corrimiento de la consigna “Fue el Estado” a un “Fue el peñanietismo”.
Donald Trump es el otro coste que quieren constreñir. La última generación de élites en México, apostó todo a la alianza –desigual e indigna– con Estados Unidos. Y con el repliegue obligado que entraña Trump (el primer presidente abiertamente antimexicano), intentan desesperadamente acotar el precio de la histórica traición. Estamos en un episodio en que la autoestima personal está íntimamente entretejida con la dignidad nacional. Esa fue la lectura de Fidel Castro en la Cuba de Batista, en esa época bajo el signo del comando estadunidense. Pero Castro no concedió margen a la “reconciliación” o la oportunidad política. En 1953, Fidel escribió:
“ El momento es revolucionario y no político. La política es la consagración del oportunismo de los que tienen medios y recursos. La revolución abre paso al mérito verdadero, a los que tienen valor e ideal sincero, a los que exponen el pecho descubierto y toman en la mano el estandarte”.
Decía Bertolt Bretch que los pequeños cambios son el enemigo del gran cambio. AMLO es ese “pequeño cambio” o “momento político” que permite refuncionalizar las dimensiones estatales más desacreditadas sin modificar seriamente la correlación de fuerzas, y, simultáneamente, desactivar el gran cambio o el “momento revolucionario”.
Esto no es una “campaña” contra Morena o AMLO. Es incluso una exhortación a la reflexión, que tiene por destinatario a esa base popular reunida en la órbita del “lopezobradorismo”. Que los medios de comunicación dominantes, fracciones de la clase política y no pocos poderes fácticos elogien a “Don Andrés”, no es ninguna ironía o accidente: es el costo político que está dispuesto a pagar la élite en México.
_____________________________________________


¿Dónde estamos actualmente?


Guillermo Almeyra

Estamos en un valle en medio de una densa niebla y se puede escuchar cómo los contendientes se mueven en la bruma tomando posiciones para enfrentarse en cuanto aclare.En esta guerra de maniobras pesa en favor del gran capital el hecho de que el 1 de julio todos los votantes (salvo un puñado que anuló su voto) lo hicieron por partidos que quieren conservar intacto el sistema o, en el mejor de los casos, reformarlo para que funcione más eficazmente. Nadie puso en cuestión la explotación del trabajo ajeno que a todos les parece natural.
Los mexicanos, en su inmensa mayoría, aún confían en el Estado, buscan reformas y no una revolución y creen posible un capitalismo “bueno”, democrático, más justo. La ideología y la cultura capitalistas dominan ampliamente las mentes de casi todos y muy particularmente en la Academia, los medios de (des)información y la tecnocracia y sólo unos pocos trabajadores, indígenas y estudiantes se declaran anticapitalistas y tratan de construir relaciones autonómicas y autogestionarias. Con eso cuenta la gran burguesía para intentar colonizar desde adentro al gobierno futuro y cooptarlo porque ella comparte con el presidente que debería instalarse en diciembre y con Morena no sólo los valores capitalistas y la confianza en las instituciones del capital sino también la aceptación plena de este capitalismo dirigido por el capital financiero internacional.
En contra del capital, en cambio, dentro y fuera de MORENA, militan las experiencias y las movilizaciones que durante décadas ha realizado algunos sectores populares, como las autodefensas, las policías comunitarias, la elección de autoridades municipales por asambleas o la comprensión –a partir sobre todo de Ayotzinapa- de que el asesino, represor y enemigo no es tal o cual político sino el Estado del capital. Pero el peso de la dominación ideológica y cultural de la burguesía es todavía muy superior a los avances realizados en la vía de la conquista de la independencia política. Por eso quienes votaron por López Obrador para que la situación no se degrade aún más y, también, para evitar un proceso revolucionario que podría ser muy costoso deberán hacer su experiencia con el nuevo Madero cuando se movilicen para reclamar cambios concretos y urgentes.
Hoy AMLO, desde aquí a diciembre, puede agitar ante sus partidarios un cheque redentor que recién podrá cobrar –si lo hace- dentro de tres meses. Por lo tanto, al mismo tiempo que la tendencia a esperar y a confiar se afirma entre sus votantes, aparece también la esperanza, en otros sectores, a subirse al carro de los ganadores para ver si así pueden mejorar algo su situación. De ahí la brutalidad y la grosería de la carta de “Moisés” al padre Solalinde que efectuaba un sondeo oficioso en la nutrida ala zapatista-católica que considera posible y positiva una alianza AMLO-EZLN-CIG.
Al tratar de cortar de raíz esa opinión, el dúo “Moisés”-“Marcos-Galeano” margina del EZLN a ese sector sinceramente preocupado por el aislamiento creciente del zapatismo y pone también una enorme piedra en el camino hacia la independencia política y el anticapitalismo de los sectores más avanzados que votaron por MORENA. Porque hoy, por el contrario, es indispensable tender puentes hacia éstos, compartir con ellos movilizaciones y exigencias y discutir juntos cómo concretar ya mismo los objetivos que se plantean.
Al mismo tiempo, en el EZLN y en CIG es necesario igualmente hacer un balance de la campaña de Marichuy que, a pesar de su carácter fundamentalmente étnico, no logró el apoyo sino de pequeños núcleos indígenas y no obtuvo el sostén popular que podría haber tenido si hubiese superado su carácter sectorial indigenista además de su carencia de reivindicaciones nacionales y de planteos dirigidos a los trabajadores y campesinos mestizos.
Para que los votantes honestos de MORENA puedan avanzar son necesarios sin duda los militantes anticapitalistas, que deben aprender de sus errores, dejar de considerarse líderes iluminados de un proceso que les pasa al lado y buscar aprender también de otros sectores en lucha. Para que progrese políticamente la parte fundamental de la base de AMLO se necesita un núcleo anticapitalista unificador que incluya al EZLN-CIG si éstos superan el sectarismo, un bloque con un programa claro y una estrategia fácilmente comprensible.
Porque el capitalismo no es regional ni nacional sino internacional y los Estados son cada vez más represivos y antidemocráticos y pierden consenso y porque la concentración mundial y nacional del capital y el control del mundo por pocos miles de personas disuelve en la práctica muchas de las atribuciones de los Estados y empuja hacia la creación de comunas autogestionarias federadas. O sea, la creación desde la base de la sociedad de un Estado que a la vez sea un no-Estado, un mero administrador de las cosas y no de las personas hasta su futura desaparición como relación social. 
_______________________________________________
La Tijereta ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

miércoles, 18 de julio de 2018

El triunfo de López Obrador, ¿el triunfo de la democracia?

Alejandro Klein Caballero

Quien esto escribe no es politólogo ni se ocupa de eventos políticos. Es un cientista social especializado en temas psico-sociales. Por tanto se puede desechar lo aquí expuesto con total tranquilidad, como la simple opinión de un neófito impertinente. Aclaro además: lo que aquí escribo no es políticamente correcto, sino que busca apuntar a señalar algunos puntos de reflexión.Antes de proseguir debo aclarar que López Obrador siempre contó con mi simpatía. Ni siquiera creía que era la mejor opción, sino que era la única opción que tenía México para emprender un camino de esperanza, frente a la impericia y la corrupción de sus contrincantes de turno y de la situación moral, económica y cultural desastrosa del país.
Contrincantes que, hay que señalarlo, no hicieron más que ayudar a su triunfo, teniendo en cuenta campañas políticas desastrosas, torpes y desatinadas. López Obrador o su equipo optaron por un estilo directo, de contacto y acercamiento con la gente que dio excelentes dividendos.
Sin embargo y con todo dolor debo decir que el triunfo de López Obrador no es el triunfo de la democracia sino el triunfo de un pacto político de no agresión, por el cual es obvio que el PRI no hizo fraude electoral, lo que podría hacer debido al peso descomunal de su aparato institucional y estatal.
Lo ha hecho siempre. ¿Por qué no lo hizo en este momento? La administración de Peña Nieto ha sido desastrosa pero increíblemente el triunfo de López Obrador no se presenta como voto castigo a esa administración, sino a la culpa de un candidato sin carisma. Peña Nieto sale de la presidencia con el honor de no haber hecho fraude electoral. Lo hizo en 2012 pero ayer no. Se va digno y respetado por ese gesto. No es mala manera de dejar de ser presidente.
López Obrador le agradece como le agradece a los medios de comunicación. En democracia no se agradece a los medios de comunicación si es que los medios de comunicación hacen lo que tienen que hacer: comunicar y no ser cooptadores y formadores de opinión pública al servicio del poder de turno.
Se dijo que su primer discurso como ganador era el de un “estadista”. No es así. Fue un discurso para tranquilizar el establishment, el poder gobernante, los que controlan todo en este pais. De todos los posibles actores el futuro presidente los elige a ellos como interlocutores para tranquilizarlos, para calmarles, para aclarar que México no será Venezuela, que él no será un dictador bananero, que se apegará a la ley. Ya ninguna referencia a la “mafia del poder”…
Luego tranquilizó a la clase media y a los indígenas, es decir, al movimiento zapatista, el gran invisible de esta campaña política. Los movimientos sociales indígenas no participaron de la misma o porque así se les pidió o porque se auto exiliaron de la misma. Sin embargo López Obrador tendrá que negociar con el movimiento zapatista porque existe allí un punto de inestabilidad que puede alcanzar una situación dramática. Al no haberse comprometido con el proceso electoral, el zapatismo no tiene compromisos ni pactos a cumplir.
En una democracia tampoco mueren más de 100 candidatos. López Obrador no los mencionó. Nadie ya los menciona. Ya han entrado en la amnesia devoradora de este país.
Por último mencionó a los pobres pero sin indicar aumento de salarios ni políticas efectivas de combate a la pobreza. Por supuesto no tenía porque hacerlo, pero no deja de ser significativo que comenzó con el establishment y en tercer lugar llegó la pobreza
Tampoco mencionó a Latinoamérica, la gran desplazada del horizonte político mexicano. Latinoamérica recibiría con los brazos abiertos a México, pero México tiene una relación ambivalente con Estados Unidos que en realidad nunca terminará de resolver.
El triunfo de López Obrador es pasmoso. Supera cualquier expectativa. Pero cuidado. La pasión que lo idealiza fácilmente se transformará en decepción furiosa cuando no cumpla la expectativa de la gente.
Y aquí entramos al punto central de la ideología obradorista: el combate a la corrupción. Pero la gente no quiere la amnistía a los corruptos, quiere un castigo rotundo, un “castigo ejemplar”, muy propio de la cultura mexicana. Pero, ¿cómo podrá castigar López Obrador ahora que es un “estadista” que alza su mano conciliadora a derecha e izquierda?. La única solución es que se busquen algunos chivos expiatorios. Pero chivos expiatorios son chivos expiatorios, pero no son el fin de la corrupción.
Quizás sea hora de decir que la corrupción no es propia de los ricos, sino parte de una cultura de supervivencia en un país donde la mitad de sus habitantes son pobres. Entre la corrupción y la desesperación de la vida miserable, la gente no tiene opciones. López Obrador habló de atacar “causas”, esperemos que se aplique en este caso.
Por último: el problema más grave que tiene México no es la corrupción. Es la violencia.
Y no solo la violencia de los que cortan cabezas, asesinan, violan, golpean, atacan a sus niños y ancianos, sino la violencia cotidiana donde no se le puede decir nada al vecino porque seguro te poncha las llantas o algo peor. La violencia de que la alegría es alcoholizarse a más no poder. La violencia de que lo que único que a la gente le importa es de su puerta para adentro y el afuera puede reventar. La violencia de la reacción violenta frente a cualquier problema o situación.
Eso no lo soluciona López Obrador apegándose a la ley, ley que por otra parte apenas existe en un país donde la transgresión de la ley se ha vuelto la Ley. 
____________________________________________________
La Tijereta ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


jueves, 12 de julio de 2018

¿Conciliación de AMLO con los magnates mexicanos?
El impúdico y meloso vals entre la mafia del poder y el mesías tropical

Carlos Fazio

Hacia las 23 horas del domingo primero de julio, después de que el presidente del Instituto Nacional Electoral y el jefe del Ejecutivo Federal, Lorenzo Córdova y Enrique Peña Nieto, respectivamente, habían declarado a Andrés Manuel López Obrador virtual triunfador de los comicios, el magnate Claudio X. González Laporte −fundador, ideólogo y ex presidente del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, hoy Consejo Mexicano de Negocios (CMN) y presidente honorario de la transnacional Kimberly Clark México−, tras sostener una reunión privada con integrantes del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) en el Club de Industriales, declaró a los medios que el líder del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) tenía el “mandato para serenar al país”. La “conciliación”, dijo, será el “reto” para el nuevo gobierno federal que asumirá el próximo primero de diciembre.
Tras la arrasadora victoria popular en las urnas −pese al despliegue e implementación de una colosal ofensiva de estrategias sucias de espectro completo a escala nacional−; erosionados el consenso ideológico y la hegemonía política del bloque en el poder sobre la mayoría de la población, y como parte de una Blitzkrieg (guerra relámpago) para control de daños,  González Laporte se ponía a la cabeza del contraataque plutocrático para intentar modificar la nueva correlación de fuerzas emergente, concentrada, en el lado opuesto de la cadena explotadores/explotados, en un solo hombre: Andrés Manuel López Obrador, como aglutinador del tan temido populacho, de las masas históricamente despreciadas y ninguneadas por las élites y oligarquías racistas.
Como diría Chomsky, de lo que se trata es de mantener a la chusma a raya. Por eso, bajo la bandera de la “conciliación” de clases y el mandamiento de “serenar al país” (ergo a los nacos, los prole, los chairos) para que los mercados financieros y las inversiones de la clase capitalista transnacional “reaccionen bien”, el esfuerzo de los poderes fácticos por arrastrar a AMLO hacia la derecha del espectro político y forzar un cambio de agenda, de ruta y de mandato se reanudaría tres días después en un hotel de Polanco, en el marco de una reunión a puerta cerrada del virtual presidente electo con el Consejo Coordinador Empresarial.
Al término del evento, y tras recorrer el salón y saludar de mano a un centenar de grandes capitalistas −la mayoría de los cuales lo habían combatido, denostado y estigmatizado en los primeros tres lustros del Siglo XXI−, el abrazo del oso de Claudio X. González a un tieso López Obrador tuvo como objetivo fabricar una nueva imagen del poder; manufacturar un nuevo consenso por la vía de fijar en el imaginario colectivo (a través de los medios y la web como nuevos campos de batalla, con el favor de la opinocracia) la “confianza” (re)nacida en las alturas; una (re)conciliación prodigiosa con su tufo a la Rerum novarum y la Quadragesimo anno como nuevo signo de los tiempos.
La confección de una nueva narrativa y nomenclatura de conceptos orwellianos funcionales a los intereses de la plutocracia, tendente a ocultar y/o maquillar las contradicciones, la conflictividad social y la lucha de clases de los de arriba contra los de abajo, y cuyo objetivo en la etapa es impedir la promesa de campaña de AMLO de separar el poder económico de los megacapitales privados del poder político.
Aunque también subyacen los intentos por reciclar o renovar el “capitalismo de cuates”, limar las aristas más redistributivas del programa de López Obrador y desactivar los anhelos de cambio pacífico profundo que despertó en la masa de excluidos del sistema, que conforman el grueso de la población.
El futuro jefe de la oficina presidencial, Alfonso Romo, el converso ex comparsa del capo de la “mafia del poder” (Carlos Salinas de Gortari), quien a finales del siglo XX integraba la lista de megamillonarios de la revista Forbes; cercano al Opus Dei y los Legionarios de Cristo, y casado con Maca Garza Lagüera, nieta de Eugenio Garza Sada, fundador del poderoso Grupo Monterrey, una de las principales fracciones del gran capital; ex socio de Carlos Slim y de Pedro Aspe Armella, con quien fundó el Grupo Financiero Vector, de su propiedad, y también cabeza del Grupo Plenus (biotecnología y servicios financieros), reforzó la idea sobre una “luna de miel” entre López Obrador y los amos de México.
Así, como por arte de magia, cuatro días después de los comicios, los melosos vínculos entre los “traficantes de influencia” y “beneficiarios” de la corrupción que no quieren perder “el privilegio de mandar” (AMLO dixit), con el “populista” que encarnaba un “peligro para México”, una dictadura “castro-chavista” a la mexicana y la restauración de un “presidencialismo autoritario”, “hegemónico”, de nuevo tipo, se había trasmutado en “respeto”, “optimismo”, “certidumbre”, “confianza mutua”, “colaboración”, “unidad patriótica”.
La fantasía distópica de George Orwell hecha realidad en el México de 2018; la emergencia de una neolengua manipuladora (Guerra es Paz, Libertad es Esclavitud) que convierte al enemigo de ayer en el aliado de hoy.
Un día después irrumpiría la puesta en escena del video-mensaje “Yo creo en México” (a la vieja usanza del “Yo creo en dios” de los plutócratas nativos), estelarizado por un grupo de 10 magnates con negocios cuyas ventas son equivalentes al 4.4% del Producto Bruto Interno (PIB), que desde el Ministerio de la Verdad conformado por la televisión y las redes de Internet, emulando al personaje Winston Smith de la novela 1984, felicitaron a AMLO y ofrecieron su “respaldo” y “compromiso empresarial” para un “trabajo conjunto” con el futuro mandatario.
En el inédito abanico de imágenes aparecerían Blanca Treviño, presidenta y directora ejecutiva de la transnacional mexicana Softtek (líder como proveedora en tecnología de la información en Latinoamérica), y miembro de los consejos directivos de Wal-Mart México y de la minera canadiense Goldcorp; Mariasun Aramburuzavala, la megamillonaria marca Forbes presidenta de Tresalia Capital (Fondos de Capital Privado y Venture Capital), vicepresidenta de la compañía cervecera belga-brasileña AB InBev, compradora del Grupo Modelo (Corona Extra, Negra Modelo, Victoria y Pacífico) e integrante de los consejos directivos de Televisa, América Móvil, ICA, Banamex-Cirigroup, Aeroméxico, KIO Networks, et. al.; Daniel Servitje, presidente de la transnacional panificadora Bimbo; el banquero Antonio del Valle, presidente vitalicio del Grupo Empresarial Kaluz, dueño del conglomerado químico Mexichem y del Grupo Financiero BX+ (Banco Ve Por Más), y socio de Carlos Slim en la constructora Elementia; Carlos Danel, cofundador de Compartamos Banco (microfinanzas), hoy Gentera; José Antonio El Diablo Fernández, de Fomento Económico Mexicano (FEMSA), la multinacional de la industria restaurantera y de la bebida , embotelladora de Coca-Cola , férreo crítico de Romo y quien en las pasadas elecciones recomendó “votar con el cerebro, no con el hígado”; el propio Claudio X. González y su hijo homónimo, de Mexicanos Primero y Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad ( sic ), quien llevó la batuta en la orquestación de la campaña negra contra el aspirante de Morena, y dos integrantes de la “minoría rapaz” (como llamó AMLO a cinco miembros del CMN), Eduardo Tricio, presidente del Grupo Industrial Lala (lácteos) y accionista de Aeroméxico y Citibanamex, y Alejandro Ramírez, dueño de la cadena Cinépolis y actual presidente del Consejo Mexicano de Negocios.
Sin que se conozcan los términos del armisticio o de una rendición, si los hubo, la cargada1 de los robber barons (capitalistas ladrones y sin escrúpulos) seguiría los días siguientes con sendos mensajes de felicitación y apoyo a AMLO del impune ecocida Germán Larrea,2 el segundo megamillonario del país (detrás de Slim), dueño del Grupo México (minería, energía, ferrocarriles), quien ha vivido de concesiones del Estado; Alberto Bailleres, tercer hombre más rico de México, cabeza del Grupo Bal (minería, metalurgia, sector financiero y de seguros, administración de pensiones, agroindustria, comercio), y el magnate Ricardo Salinas Pliego, de Grupo Salinas (TV Azteca y ADN40, Banco Azteca, Electra y dueño de los equipos de futbol Atlas de Guadalajara y Monarcas de Morelia), entre otros.
Fueron también muy significativas las felicitaciones de tres conspicuos jefes políticos de la “mafia del poder”, los ex presidentes de México Carlos Salinas de Gortari, Vicente Fox y Felipe Calderón, cuya millonarias pensiones López Obrador prometió suprimir. Y otro que sin rubor se anotó en las reverencias y aclamaciones públicas al futuro mandatario (en una especie de remake del antiguo régimen presidencialista y del partido de Estado casi único, el Revolucionario Institucional), fue el líder del sindicato petrolero Carlos Romero Deschamps, actual senador del PRI y símbolo de la corrupción y el saqueo a Pemex (Petróleos Mexicanos), cuyo cacicazgo AMLO prometió acabar cuando llegue al gobierno.
El impúdico travestismo de los grupos de presión económicos-financieros-corporativos guarda relación, pues, con la inestabilidad hegemónica en el seno del bloque en el poder y la erosión del consentimiento de unas masas hastiadas, desesperadas y enojadas. Tras el voto de castigo popular a las políticas neoliberales de los últimos 30 años, existe un desajuste de la hegemonía política sobre las mayorías pauperizadas, fenómeno reflejado, también, en la crisis de representación de la partidocracia que suscribió el Pacto por México en 2012 (PRI, PAN, PRD, Partido Verde), producto de la separación de la burocracia dirigente y sus intelectuales orgánicos (como reproductores de la ideología dominante) con buena parte de esos 30 millones de ciudadanos que votaron por López Obrador, muchos de los cuales tal vez no conozcan ni compartan el proyecto de nación del presidente electo.
Pese a todo, no existen datos que apunten hacia una crisis orgánica del sistema. La crisis, diría Gramsci, consiste precisamente “en que muere lo viejo sin que pueda nacer lo nuevo”. Los cinco largos meses de la transición hasta la toma de mando de López Obrador, exhibirán si se agudizan o no las contradicciones de clase. Si sobrevendrá un “respiro” al embate neoliberal o se abre la perspectiva de un cambio social más profundo, o si se refuncionaliza el sistema de dominación, dada la experiencia acumulada por la plutocracia en la manipulación, el control y la represión inmisericorde de las masas. 
__________________________________________
Notas:
1.-Junto con el “dedazo” y el “destape”, la “cargada” se incorporó al diccionario político del viejo priismo y se define como la adhesión en masa al candidato elegido desde lo más alto del poder, con la obligación de observar disciplina partidaria y un apoyo incondicional que en ocasiones llega al extremo de la ignominia. Ver Jorge Torres Castillo, “La cargada en la política”, Milenio, 28 de marzo de 2017.
2.-Responsable de la contaminación del Río Sonora en 2014 y de la tragedia en la mina de Pasta de Conchos, donde quedaron 63 cuerpos atrapados en 2006, sin que hiciera nada por rescatarlos.
__________________________________________________
La Tijereta ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

miércoles, 13 de junio de 2018

La construcción de hegemonía de López Obrador

Josafat Hernández

El próximo 1 de julio serán las elecciones presidenciales en México. Todo parece indicar que Andres Manuel López Obrador (AMLO) va a obtener la victoria. El candidato de la coalición "Juntos Haremos Historia" (Morena-Partido Encuentro Social y Partido del Trabajo) tiene más del 50% de intención de votos según diferentes encuestas. Tiene una cómoda ventaja de casi 20 puntos sobre su seguidor más cercano, Ricardo Anaya, de la alianza PAN-PRD. En un tercer lugar está José Antonio Meade del PRI, quien apenas tiene 20% de la intención por el voto aproximadamente. Jaime Rodríguez Calderón (el "Bronco"), candidato independiente, tiene cerca de 3% en las encuestas. En lo que va de las campañas AMLO ha ido subiendo en las encuestas. Esta vez no ha cometido errores de discurso, se ha mostrado muy pacífico y la llamada "guerra sucia" contra él, una campaña mediática contra él que busca ligarlo a Hugo Chávez, al populismo y la revolución bolivariana simplemente no ha generado ningún efecto entre los votantes.
Si López Obrador gana la presidencia sería algo histórico. No sólo porque sería el primer presidente identificado con la izquierda en llegar a la presidencia de México desde los tiempos de Lázaro Cárdenas, que gobernó de 1934 a 1940. Sino porque mostraría que esta vez la voluntad popular mayoritaria se va a imponer en un país que tiene débiles instituciones democráticas.
Ahora las élites tienen muy difícil el contexto para imponer un fraude, porque ahora, el escenario es muy distinto a 2006. En ese entonces se dio una escasa diferencia en las encuestas entre AMLO y Felipe Calderón, una guerra sucia que surtía efectos, una élite unificada en contra de él y un poder mediático muy fuerte de las televisoras que tenían el monopolio de la palabra para influir en la formación de la opinión pública. Ahora ninguno de esas condiciones se da. La diferencias entre AMLO y sus adversarios es muy grande en las encuestas. La guerra sucia mediática ya no surte efecto porque a los mexicanos ya no nos espanta estar como Venezuela (México en muchas cosas está igual o peor que Venezuela), las élites no están unidas contra AMLO y el monopolio de la palabra ya no la tienen las televisoras. Las redes sociales hoy son más importantes, sobre todo entre los jóvenes, para formar su opinión pública.
Pero hay más. La posible victoria del tercer intento de AMLO se da en un contexto de agotamiento de las instituciones y los discursos neoliberales. En el tema institucional hay un gran desgaste porque estas son incapaces de evitar la corrupción, la inseguridad y la violación de los derechos humanos. Con el regreso del PRI al gobierno federal, desde 2012 a la fecha, la corrupción se desató a niveles escandalosos. Algunos ejemplos son la "estafa maestra", Odebrecht, la "casa blanca", el saqueo del ex-gobernador Javier Duarte del Estado de Veracruz, entre otros temas.
La inseguridad no disminuyó. Al contrario, se incrementó, a tal punto que este sexenio fue uno de los más violentos en la historia reciente del país (cerca de 90 mil asesinados, el secuestro y la extorsión también han aumentado). La violencia se desató por todo el país. De las 10 primeras ciudades más peligrosas del mundo, 5 son mexicanas (Los cabos, Acapulco, Tijuana, La Paz y Ciudad Victoria). Sobre la violación de los derechos humanos tenemos casos como la desaparición forzada como los 43 de Ayotzinapa, el asesinato de periodistas (como los de la colonia Narvarte de la Ciudad de México) y los feminicidios (de 2007 a 2016 han muerto 22 mil 482 mujeres, según cifras del INEGI).
Hay un gran malestar social que se ha alimentado además por la falta de crecimiento económico, la persistencia de la pobreza y por los crecientes "gasolinazos" que han ido encareciendo los precios de los bienes de la canasta básica. En ese contexto la campaña sucia contra AMLO ya no funciona, pues la gente ya no se impresiona por lo que ocurre en Venezuela. En algunos aspectos como la violencia y la inseguridad México está igual o peor que ese país. En narcotráfico y feminicidios claramente estamos peor. La narrativa neoliberal antipopulista ya no se reproduce tan fácilmente porque la gente identifica en los gobiernos neoliberales de México lo mismo que se critica al gobierno de Venezuela: autoritarismo, militarización, violación de los derechos humanos, corrupción, encarcelamiento de dirigentes sociales, censura, políticas económicas ineficaces y violencia. Incluso en México hemos tenido saqueos. En 2017 se organizaron saqueos a supermercados en diferentes partes del país.
Poco a poco se ha ido dando un proceso de agotamiento del régimen socio-institucional neoliberal en México. El hartazgo ahora es generalizado. Aunque en algunos lugares se expresa de manera más cruda que en otros. Tales son los casos de la formación de grupos de autodefensa y policia comunitaria que hacen lo que el gobierno no puede: protegerlos de la depredación del crimen organizado.
Y por si fuera poco, el contexto económico internacional es adverso a las élites neoliberales. En particular la victoria de Donald Trump ha puesto de manifiesto el carácter caduco del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Ese presidente ha humillado a los mexicanos y ahora amenaza con construir un muro que tiene una importancia simbólica para su gobierno, más que ser una via eficaz para evitar los flujos migratorios. El "libre mercado" ya no tiene el prestigio que tuvo en la década de los noventa, y ahora vemos más prácticas proteccionistas en diversas partes del mundo.
En este contexto México enfrenta un creciente desgaste que puede convertirse en lo que Antonio Gramsci llama "crisis orgánica del régimen", pues el hartazgo de la gente puede minar la "dominación por consentimiento" que hace posible la estabilidad del gobierno. Pero el tema es muy delicado, porque incluso en varios lugares del país el gobierno ha perdido lo que Max Weber llama "el monopolio del uso legítimo de la violencia". La gobernabilidad en México es débil, por lo que no es descabellado hablar de un estado fallido.
Es en este contexto nacional e internacional de crisis orgánica del régimen neoliberal en el cual hay que comprender la emergencia del liderazgo de AMLO.
Pero cabe preguntar: ¿Exactamente qué está liderando AMLO? Se trata de un bloque interclasista que va desde multimillonarios que son parte de la lista de Forbes de los hombres más ricos (como Ricardo Salinas Pliego, dueño de Tv Azteca), grandes líderes sindicales charros (como Napoleón Gómez Urrutia), líderes sociales como Nestora Salgado (ex-presa política, comandante de la policia comunitaria), políticos que tienen un pasado ultra-reaccionario (como Manuel Espino, miembro del anticomunista yunque), así como intelectuales ligados a la izquierda bolivariana (como Paco Ignacio Taibo II entre otros). Así como jóvenes de escuelas de élite que participaron en yosoy132 (como Antonio Attolini). El apoyo popular de AMLO es muy amplio. Va desde las llamadas clases medias hasta miembros de la clase trabajadora. Ahora todo mundo es "obradorista". Incluso el propietario de Televisa, Emilio Azcarraga, se dice ahora muy cercano de AMLO.
¿Cómo es posible que en un mismo partido y en un mismo bloque social haya uniones políticas que en otros contextos históricos serían imposibles? La respuesta parte de un concepto fundamental de Antonio Gramsci: hegemonía. AMLO ha ido construyendo su hegemonía, poco a poco, desde que decidió romper con las élites burocráticas del PRD y fundó Morena. Una vez fundado ese partido, pasó a tejer una serie de alianzas muy pragmáticas. También pasó a moderar su discurso (y gestos), de tal modo que ha logrado revertir la imagen que grupos mediáticos ultraderechistas le generaban para asociarlo con intolerancia y autoritarismo.
Pero también ha sabido identificar qué demandas populares son las que unifican, de manera transversal (interclasista) a la mayoría de mexicanos: a) erradicar la corrupción y b) generar paz en México. Con esas dos demandas, ricos y pobres, gente que tiene pensamiento de derecha, centro, o izquierda, pueden estar de acuerdo. El proyecto de nación de Morena incluye más puntos que pueden leerse como continuidades con el neoliberalismo, sobre todo en el plano de lo económico. Pero eso, frente a la crisis social (y de derechos humanos) que enfrenta México, aparece como algo invisibilizado (a la mayoría de la gente no le molesta que AMLO mantenga la "disciplina fiscal", ni el llamado "equilibrio macroeconómico", ni que en su proyecto no se planteen medidas de redistribución de la riqueza). No porque esto no sea importante, sino porque ahora mismo no tiene el mismo nivel de urgencia que si tiene resolver el saqueo y despilfarro de las finanzas públicas por parte de políticos, los asesinatos de ciudadanos, periodistas, la desaparición forzada, los feminicidos, etc.
El liderazgo de AMLO también se explica por los severos errores políticos y la arrogancia de la élite que ha gobernado México desde hace más de treinta años. Esa élite está compuesta por empresarios, políticos y tecnócratas con nombres y apellidos. Ellos han fallado en satisfacer las dos grandes demandas populares que ha enarbolado AMLO. Esta situación de enriquecimiento por medio de corrupción en el arriba social, mientras que abajo haya un clima de enorme inseguridad, violencia, represión y hartazgo, ha generado lo que Ernesto Laclau caracteriza como la formación de un "ellos-élite" y un "nosotros-pueblo" en la mentalidad de la mayoria de la gente. AMLO ha sabido leer bien esta "situación populista" y ha nombrado al "ellos-élite" en claves mexicanas: "la mafia del poder". Esto ha generado una cierta unidad ideológica en amplios sectores del país que identifican en AMLO a un gran líder.
AMLO se puede convertir en una figura-símbolo, muy parecida al peronismo que tanto teorizó Ernesto Laclau. AMLO mismo se puede convertir en un "significante vacio", un símbolo muy general, abstracto, que unifica a diferentes sectores de la población porque carece de contenido (no es ni socialista, ni capitalista, ni neoliberal). Pero se da una cadena de equivalencias de tal modo que cada sector social le da el contenido que ellos proyectan de si mismos. Una especie de espejo donde diferentes sectores sociales se ven reflejados a si mismos y a sus propias demandas y aspiraciones. Esto porque en México la figura de AMLO se empieza a asociar con cambio social y renovación.
En México ya empezamos a ver diferentes expresiones políticas del obradorismo: obradoristas de derecha (como Manuel Espino), obradoristas de izquierda (Paco Ignacio, o Gerardo Fernández Noroña). Obradoristas de élite (como el multimillonario Ricardo Salinas Pliego), así como expresiones obradoristas subalternas (habitantes de colonias populares que hacen suyo, en un plano folclórico, el símbolo de "el peje"). Pero todos ellos conviven dentro de un mismo bloque social, popular, donde lo que media entre ellos es la hegemonía de AMLO. Pero aún está por formarse de una manera más clara la ideología o visión del mundo del obradorismo. Y justo es aquí donde el papel que pueden tener sus ideólogos cercanos (como el gran filósofo Enrique Dussel o el politólogo John Ackerman) puede ser clave.
La "mafia del poder", pese a su guerra sucia ahora es impotente pues no pueden frenar el ascenso del populista AMLO. Y esto es así porque ahora mismo hay una hegemonía que se ha construido entorno a él. Él marca la agenda pública, él es el que lleva la iniciativa mientras los demás partidos políticos son sólo meras reacciones a sus propuestas.
Cuando hay crisis orgánicas de régimen se plantean diferentes vías de solución para reacomodar el régimen socio-institucional. Una de esas vías es lo que Gramsci llama "cesarismo", que consiste en un liderazgo fuerte, carismático, con gran apoyo social, que puede impulsar cambios para restablecer la gobernabilidad. Pero el "cesarismo" puede ser de progresista o reaccionario. En Estados Unidos claramente tenemos un cesarismo reaccionario (que con Trump se ha despertado y desatado el racismo), mientras que puede ser que en México tengamos un cesarismo progresista con AMLO que va a requerir de amplias movilizaciones sociales para lograr frenar el avance del neoliberalismo y reconquistar los derechos sociales perdidos.
Si es que Morena gana, se levantará la moral de gran parte del pueblo mexicano que lleva décadas soñando con un cambio. Se despertarán esperanzas dentro y fuera de México. Adentro porque el pueblo mexicano gozará la derrota de la mafia (quitarle la millonaria pensión a los ex-presidentes mexicanos será motivo de fiesta nacional). Fuera de México se verá a AMLO como parte de un nuevo ciclo progresista internacional, lo cual es una contratendencia al avance de la derecha a nivel continental.
Me parece bien que Morena gane. Pero no hay que perder de vista que después vendrán los equilibrios de poder imposibles típicos del capitalismo neoliberal. No olvidemos que en el capitalismo hay clases sociales con intereses materiales contrapuestos. Los grandes empresarios que hoy apoyan a AMLO demandarán más reformas neoliberales y más concesiones para sus negocios. Los trabajadores, si es que se organizan, demandarán mejores salarios y mejores condiciones laborales. Habrá movimientos sociales que exigirán echar atrás las reformas neoliberales (como los maestros de la CNTE que buscarán revertir la mal llamada reforma educ.ativa). Las llamadas clases medias exigirán más oportunidades de ascenso social, etc. Habrá un punto en el cual AMLO no podrá satisfacer a todos y tendrá que tomar partido.
El punto es que si decepciona a la mayoría de la población, pasará lo que describió Wilheim Reich para el caso de la socialdemocracia de la república de Weimar: el desengaño llevará a la psicología de masas de los trabajadores hacia la derecha, no hacia la izquierda, porque la gente pensará que ahora "la izquierda" será quien gobierna. Mientras tanto, hoy como en aquel momento, se carece de un proyecto político radical que pueda ser opción a la tibieza de Morena.
Si AMLO gana la presidencia se abrirá una oportunidad para que Morena inicie la construcción de un nuevo bloque histórico. Gramsci entiende por bloque histórico una unidad orgánica entre economía, cultura y política. Y para eso se va a requerir saber construir y mantener la hegemonía atendiendo demandas sociales y buscando generar cambios en la subjetividad de los ciudadanos. También se va a tener que ir reorganizando la economía para dejar atrás los lastres de un neoliberalismo cada vez más caduco
________________________________________________________________________
La Tijereta ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

domingo, 20 de mayo de 2018

México entrega la frontera a TrumpUlises 

Ulises Noyola Rodríguez

El despliegue de la Guardia Nacional ordenada por el presidente Donald Trump en la frontera entre Estados Unidos y México, representa una fuerte ofensiva en contra del gobierno de México en su relación diplomática. Sin embargo, el gobierno mexicano, en lugar de confrontar al mandatario estadounidense, ha mantenido el Programa Frontera Sur y la Iniciativa Mérida, con lo cual refleja su completa subordinación a los designios de Washington.
En primer lugar, el presidente Donald Trump justificó su decisión de apoyarse en la Guardia Nacional explicando que el estado de la frontera era deplorable a tal punto que la seguridad nacional estaba en peligro. Además, el ingreso de drogas y migrantes que podrían formar parte de organizaciones criminales, estaba destruyendo la vida de los estadounidenses, por lo que el aumento de la seguridad fronteriza era inevitable 2 .
A diferencia del despliegue de la Guardia Nacional por los presidentes Barack Obama y George Bush cuando estaba creciendo de forma desmedida el flujo de migrantes ilegales hacia Estados Unidos, el número de migrantes por la Patrulla Fronteriza llegó a un tercio de las detenciones efectuadas en 2006. Aparte de que no resulta claro cómo la Guardia Nacional detendrá el paso ilícito de drogas cuando la Patrulla Fronteriza está plagada de una gran cantidad de casos de corrupción en dejar pasar la droga en el lado estadounidense 3 .
De esta manera, la orden de desplegar la Guardia Nacional por el presidente Donald Trump se debió a su intención de recuperar el apoyo político de los estadounidenses desencantados por el fracaso de la construcción del muro fronterizo, la permanencia del programa Acción Diferida para los Llegados en la Infancia y la incapacidad de efectuar deportaciones masivas. Aunado a lo anterior, el gobierno mexicano se ha negado a financiar el muro y un minúsculo fondo se obtuvo en el último presupuesto para continuar su construcción debido a la incapacidad del presidente estadounidense de llegar a un acuerdo con la facción demócrata 4 .
Sin embargo, la verdadera preocupación del gobierno estadounidense se encuentra en el control migratorio a lo largo de la frontera de México con Guatemala y Belice. En ese espacio geográfico pasa el grueso de los migrantes centroamericanos que huyen de sus países de origen, para luego tratar de cruzar la frontera norte de México con Estados Unidos. Con el propósito de reforzar la seguridad en la frontera sur de México, el gobierno norteamericano ha canalizado enormes recursos económicos y militares por medio de la Iniciativa Mérida y el Programa Frontera Sur.
Por un lado, el objetivo principal de la Iniciativa Mérida de combatir el crimen organizado en el territorio mexicano, apoyándose en la cooperación militar entre México y Estados Unidos, ha resultado un fracaso. El gobierno norteamericano no ha aplicado una política efectiva para reducir la demanda de drogas y la venta de armas, factores que han fortificado en gran medida a los cárteles de droga, las compañías armamentísticas y las entidades financieras dedicadas al lavado de dinero.
Por otro lado, la cooperación militar de los dos gobiernos ha implicado el intercambio de datos biométricos (huellas digitales, fotos y descripciones), el adiestramiento militar de las fuerzas mexicanas, y la instalación de bases militares. Toda esta colaboración ha creado una infraestructura, orientada a frenar el flujo de migrantes. La colaboración militar, según el sacerdote Alejandro Solalinde, viola claramente los derechos humanos de los centroamericanos, de tal suerte que el gobierno mexicano podría ser demandado por las autoridades de Centroamérica ante organismos internacionales 5 .
Ahora el gobierno de Donald Trump califica, al tratar de legitimar toda la infraestructura militar, a los migrantes como criminales, que según él, pertenecerían a grupos delictivos y tendrían que ser expulsados lo más pronto posible de Estados Unidos. Ante este humillante planteamiento, el gobierno de México tiene la obligación de suspender la colaboración militar inmediatamente en materia de migración con Washington, esto con el fin de comenzar a erradicar el genocidio de centroamericanos en la frontera sur y, en paralelo, salvar su reputación en la defensa de los derechos humanos.
En cuanto a la asistencia económica, el gobierno norteamericano cada vez más se ha ido deslindando de la Iniciativa Mérida obligando al gobierno mexicano a pagar casi toda la factura. Lo anterior se confirma con la solicitud del presidente Donald Trump de proporcionar únicamente 85 millones de dólares en el año en curso, cifra ínfima en comparación con el financiamiento inicial de 400 millones de dólares en 2008 6 . De forma inevitable, la autoridades mexicanas seguirán gastando cada vez más recursos en la contratación de fuerzas armadas, la compra de equipo militar y el adiestramiento de cuerpos policiales frente al desinterés de Washington de financiar la guerra contra el crimen organizado.
La carga económica para el gobierno de México resulta bastante costosa, puesto que el gasto militar se duplicó en las presidencias de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto 7 . Las compras excesivas de equipo militar han implicado la militarización del territorio mexicano, teniendo como resultado el sexenio más violento con un saldo total de 104,000 homicidios durante los cinco años y medio del gobierno actual. Frente a la cruenta realidad, el presidente Enrique Peña Nieto no ha tenido otra alternativa que reconocer que la estrategia de seguridad no fue acertada durante su gestión.
Por otra parte, el Programa Frontera Sur, lanzado en 2014, se centró en asegurar un paso formal y ordenado de los migrantes, a través del incremento de las protecciones y las acciones sociales hacia ellos. Pero el balance del programa ha sido un aumento abrupto de la detención de migrantes, mientas los cuerpos armados cometen numerosas violaciones de sus derechos humanos. A este enorme costo, el gobierno estadounidense ha reducido drásticamente el flujo de migrantes, si tomamos en cuenta que el número de personas detenidas en la frontera sur aumentó casi el doble entre 2013 y 2017 8 .
Cabe destacar que el Programa Frontera Sur no involucró un programa de desarrollo económico para los países centroamericanos ni tampoco para los estados fronterizos de México, lugares donde la pobreza extrema es aprovechada por los grupos criminales para tener hombres que realicen sus actividades delictivas. Sin la elaboración de una estrategia integral, el programa está destinado a seguir deteniendo migrantes de manera indefinida, ya que los migrantes volverán a intentar cruzar la frontera frente a la imposibilidad de permanecer en sus países de origen.
Por si fuera poco, el gobierno mexicano fue el anfitrión de la Conferencia Centroamericana de Seguridad en abril de este año. Los participantes plantearon diversas iniciativas para reforzar la seguridad regional de Centroamérica en contra de las organizaciones criminales trasnacionales. Como resultado, las fuerzas mexicanas terminarán colaborando con los cuerpos militares del Comando Sur, el Comando Norte y las fuerzas centroamericanas 9 . En el marco de esta colaboración, una nueva base militar será instalada en la frontera de Guatemala a fin de realizar ejercicios militares conjuntos que se desarrollarán en los ámbitos terrestre, marítimo y aéreo.
Todo ello responde a la necesidad de crear redes más complejas de seguridad frente a la aparición de nuevas rutas que están tomando los migrantes para superar el endurecimiento de la política migratoria de Estados Unidos. La región fronteriza se volverá un espacio donde continuará predominando la violencia, ahora exacerbada por la sofisticación de las fuerzas militares tanto nacionales como extranjeras. Lo inevitable para los migrantes será que tendrán que enfrentar mayores riesgos ante la aparición de nuevos enemigos, amenazas y peligros en la frontera sur de México. 

Notas:
2The New York Times. Trump Signs Memo Ordering End to ‘Catch and Release’ Immigration Policy. Fecha de publicación: 6/4/2018.
3The New York Times. The Enemy Within: Bribes Bore a Hole in the U.S. Border. Fecha de publicación: 28/12/2016.
4Bussiness Insider. Congress's massive new spending bill completely whiffed on Trump's demands for 'the wall'. Fecha de publicación: 22/3/2018.
5Reforma. Acusan intromisión de agentes de EU. Fecha de publicación: 10/4/2018.
6Congressional Research Service. U.S.-Mexican Security Cooperation: The Merida Initiative and Beyond. Fecha de publicación: 29/6/2017.
7. El gasto militar pasó de 52,235 a 112,403 millones de pesos entre 2007 y 2016 de acuerdo al Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo.
8WOLA. La frontera sur de México. Fecha de publicación: Junio de 2017.
9Huffington Post. Así es la estrategia con la que EU busca que México vigile la frontera sur. Fecha de publicación: 26/4/2017. 
____________________________________________
La Tijereta ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.