miércoles, 30 de agosto de 2017

¿En qué mundo se realizarían las elecciones de 2018?

Nino Gallegos

Guillermo Almeyra, es quien se pregunta lo de arriba y reempezar lo que sexenalmente es uso y costumbre con lo del presidencialismo en México, existiendo un escenario violento y criminal en el país (de y en) sombras espectrales que Calderón y Peña Nieto, habrán de colgar entre pecho y espalda al presidente que llegue, haiga sido como haiga sido.Es tanta la normalización en la indolencia y la indiferencia sociales que, la crónica de los años y los días redactada a diario con los muertos, los desaparecidos y los desplazados es una afrenta, y no, una ofrenda, morirse de manera natural. No es que sea una afrenta y una ofrenda a la muerte de lo mexicano en los mexicanos, sino que la violencia y el crimen no se cansan con los gobernantes y los gobernados, los narcos y los sicarios, los empresarios y los militares. No porque haya sido el Pacto por México o el reciente Frente Amplio Opositor, tal vez sí y/o quizás no, porque en la anticipación inmediata y mediática estamos pensando y preguntándonos: ¿En qué mundo se realizarían las elecciones de 2018?, y uno responde que en el mundo de arriba, en el cielo de en medio y en la tierra de abajo, siempre y cuando, nos quede claro, transparente y hasta con rendición de cuentas que esto del mundo lo saben mejor Los Zapatistas, no nada más por lo de un mundo posible, acaso por el caos y el ocaso en el país de sombras espectrales, el supuesto Estado fallido mexicano, la corrupción y la impunidad, el muerto, el desaparecido y el desplazado Estado de Derecho.
Los intelectuales que son los sesgadores del año viene con los campesinos que son los segadores de las malas temporadas en el campo, desruralizado y trazado, en carreteras con desarrollos inmobiliarios turísticos, a las horas de las deshoras, no están para entenderse con la astrología urbana y la cosmo(a)gonía rural, cuando se trata, afirmativamente, “de la explotación y opresión del capital para luchar por la liberación nacional y social.”
De julio 2017 a julio 2018, será un año que viviremos en peligro como todos los años sexenales anteriores del presidencialismo contra las drogas de los narcos y las deudas de los ciudadanos, el desabasto de la ética con la mala nutrición de la moral, muriéndose nuestros jóvenes aunque los jóvenes en la plaza de Tahrir siguen pensando y haciendo que la revolución sea más un convicción de conciencia y de condición humana, parando a los gobiernos sucesorios por más faraónicos y militares que sean, o, a los ucranianos que les reventaron los cráneos en la plaza Maidan, mientras en el país de sombras espectrales, conservadoramente, los intelectuales, los libres pensadores, dicen hay que tener cuidado con “los virajes autoritarios”, como si los muertos, los desaparecidos y los desplazados fueran nomás los daños colaterales de un Estado fallido que no ha podido en la guerra contra las drogas y lo que en ellas se generen con los virajes autoritarios y con los viajes imaginarios y maravillosos en petates voladores a un país que no es de este mundo sino quizás sí y/o tal vez no, de otro mundo raro a lo José Alfredo Jiménez, donde la vida no vale nada.
Si el país en que vivimos, sobrevivimos y malmorimos, pues, qué mundo, pus/pos(t)verdadero, el de las sombras espectrales como en el mundo de Comala con su Media Luna, ¿la del Medio Oriente o la mexicana?, las rojas, violáceas, violentadas y violadas. Cuando nos constreñimos únicamente a México, nos gana una depresión provinciana del tamaño del mundo que no hayamos qué hacer con los hijos como futbolistas o narcos e hijas levantadoras de pesos o buchonas que, no corresponde únicamente a Sinaloa y sí a la RepMex., cuando de por sí el país tiene de sobra sus halcones y sicarios desde los cerros de afuera a las lomas residenciales de adentro.
Así como existen leyes y hechos criminales como para sancionar, enjuiciar y sentenciar, el tiempo se nos va en encubrir, solapar y ahuecar el espacio entre los gobernantes, los gobernados y a los que siempre están fuera de la Ley y por más que se diga que nadie está por encima de la Ley, pues resulta que está abajo haciendo adobes para traficarlos con los que están encima de la Ley para sobornarlos, dedicándoles semanas de rating en los medios impresos, televisivos, radiofónicos y digitales para ver quién compra más y lee y escucha menos, porque nada de nadie y de alguien era cierto, verdad y pos(t)verdad, tal vez sí y/o quizás no, la pusverdad.
Ahora, un mundo más abierto y más cerrado a la vez, del capitalismo al fundamentalismo con los nacionalismos y los comunismos, no es el mejor mundo de hoy, mañana y pasado mañana, porque USA, Rusia, China y Corea del Norte nos tienen con el santo nuclear de las ojivas metidas al revés en las cabezas decapitadas del Estado Islámico y los Narcos-Sicarios, no hallando uno-un mundo adecuado a las expectativas políticas y electorales en el provincianismo de México ante y para qué mundo.
El mundo es lo que somos, y no hay espejos más grandes que el cielo y el mar para no andar preguntándonos y especulando quiénes somos, de dónde venimos, dónde estamos, qué hacemos y hacia dónde vamos de aquí, si no es acaso al caos de lo que somos en el mundo de gente que nos habitamos, nos explotamos, nos hacinamos, nos despojamos y nos parasitamos, y un día después que votemos para el 2018, murámonos de vergüenza con la autocrítica del martillo o del látigo, si es que todavía la tenemos para ese entonces, por haber votado en un país de sombras espectrales con más paladas de tierra, indiferencia e indolencia para los muertos, los desaparecidos y los desplazados, porque, los vivos, bien, gracias, a la desgracia nacional, de Pedro, El Infanticida.
Lo lamentable por patético es que Los Olvidados de Buñuel siguen olvidados con Los Hijos de Sánchez, de Lewis, no pudiendo encontrar a la matriarca ni al patriarca por ningún lado, lugar y sitio que, en lugar de ascender, descendemos, al no lugar que es un país (de y en) sombras espectrales, vuelta pa’tras o vuelta pa’delante, en el año 2018, casi como un destino obligado a confrontarlo en las urnas llenas con los muertos, los desaparecidos y los desplazados del 1968-1988-2000-2006-2012-2018: entre julio y octubre serán 50 (cincuenta) años de explotación y opresión como para luchar por la liberación social y nacional, y como para no justificarnos que hizo falta tiempo y espacio, condición y conciencia humana, cuando se ha tenido de sobra para la corrupción, la violencia, el crimen y la impunidad en el país de sombras espectrales.
La interrogante persiste: “¿En qué mundo se realizarían las elecciones de 2018?” Digamos que todo está dicho pero no hecho para el 2018, y para el 2018 será un mundo de dinero desde el INE a los partidos, no habiendo proceso electoral que aguante tanto dinero para la supuesta transparencia y la simulada rendición de cuentas, así como casi ningún ciudadano elector que nomás deslice su voto nomás porque la conciencia lo convencerá que votar es universal, libre y secreto.
La vida, después de todo, apremia y premia, habiendo plazos para que sí se cumplan en esos tiempos y espacios vivos y muertos en esos escenarios en que la condición humana es la conciencia del ser humano como ciudadano de la identidad y la pertenencia a una nación que si no ha cumplido con el servicio cívico de la ética y la moral, la credencial de Elector, únicamente, servirá para identificarse como un mexicano más en las estadistestificaciones del miedo, el fraude, el terror y el horror de los muertos, los desaparecidos y los desplazados, por siempre.
A los mexicanos, nos gusta La Historia porque cada vez que aprendemos de sus lecciones, las repetimos, una y otra vez, en los pensamientos, las palabras, los actos y los hechos.
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La Tijereta ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

jueves, 24 de agosto de 2017

AMLO, la emergencia de un progresismo moderado

Florencia Pagliarone y Ava Gómez


Andrés Manuel López Obrador (AMLO), candidato de MORENA a la presidencia de México, mantiene desde mayo del año un desempeño positivo en las encuestas electorales que le sitúan en torno al 17% de intención de voto, siendo el candidato con más opciones, seguido de Margarita Zavala (PAN) que toma una distancia de entre 3 y 5 [1] puntos porcentuales en las últimas mediciones. Pero las encuestas son también, para el liderazgo de AMLO y de MORENA (como la formación que alcanza la mayor intención de voto), armas de doble filo. Ello debido a la presencia del duopolio mediático (Televisa – TV Azteca) que siempre ha tendido a favorecer al bipartidismo (PRI-PAN) y que probablemente usará la sobreexposición de los sondeos para denostar al líder. Además, la posibilidad de que el vecino del norte recrudezca su política migratoria y postergue la renegociación del TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), podría ser un nuevo elemento usado en contra de AMLO, arguyendo la defensa de los intereses económicos nacionales.
A principios de este año, AMLO mantuvo una gira por varias ciudades de Estados Unidos con el objetivo de construir un frente cívico en defensa de los inmigrantes, contra el racismo y la xenofobia.
La propuesta política antineoliberal y la lucha contra la corrupción, encarnada en el bipartidismo mexicano, es el marco discursivo que ha convertido al veterano candidato en un líder con potencial para dirigir un cambio político de grandes dimensiones en el país. Ello ha despertado una estrategia de deslegitimación focalizada, una vez más, en el “miedo”. Los liderazgos del PAN y el PRD se centran en amalgamar una coalición que no permita la llegada de una alternativa “populista”. En palabras de Ricardo Anaya del PAN: “Hay una alternativa que implica una regresión autoritaria al pasado, una alternativa que es francamente populista, destructiva y que representa Andrés Manuel López Obrador” [2].
Por su parte, para contrarrestar la campaña del miedo, López Obrador ha iniciado una gira por varios países latinoamericanos a fin de encontrar avales en el nivel regional, acercándose, principalmente, a aquellos gobiernos progresistas con menos cuestionamientos desde el establishment: Chile y Ecuador, y desmarcándose, a su vez, de Venezuela: “Nosotros no tenemos nada que ver con el gobierno de Venezuela, eso debe de quedar muy claro, pura calumnia” [3], dijo López Obrador en un mitin político en Jalisco. Por otra parte, a finales de agosto visitará EEUU donde presentará su libro Oye Trump, en el que habla de su experiencia con personas que han migrado de México al país del norte.
Durante el II Congreso Nacional Extraordinario de MORENA, AMLO ya había anunciado que era partidario de mantener una postura mesurada en política exterior, sin asumir posiciones protagónicas: “La política exterior que proponemos se sustentará en la aplicación de una buena política interior, en la seriedad, en la cautela diplomática, en el apego a los principios de autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la solución pacífica de las controversias, la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales, la igualdad jurídica de los estados, la cooperación internacional para el desarrollo, la lucha por la paz, la defensa de los derechos humanos y la conservación del medio ambiente [4].
El interés de Andrés Manuel López Obrador es el de posicionarse como líder progresista en un escenario regional muy particular, en el que sus movimientos son poco estridentes y avanzan paulatinamente con la “seguridad” que le da tener aliados en el centro. Ello, sin embargo, genera dudas de si su liderazgo puede marcar una nueva etapa en la región en clave geopolítica.  
En este sentido, el objetivo de la gira de AMLO era dar a conocer la estrategia del partido Morena y posicionar su programa de gobierno, el cual tiene algunos puntos de sintonía y otros de clara diferenciación con Bachelet y con Moreno. AMLO promete que los jóvenes tendrán garantizado el derecho al estudio y el trabajo con el objetivo de integrarlos a las actividades académicas y laborales, un tema pendiente en el caso de Chile donde la Reforma Educacional terminó por ser excluyente con los jóvenes estudiantes en tanto el sistema de gratuidad universitario no incluye a todos los estudiantes sino solo a los sectores vulnerables [5]. Mientras que la lucha contra la corrupción es una bandera en común con Ecuador. AMLO ha declarado que “se eliminarán los fueros al Presidente y a los altos funcionarios públicos. Se propondrá una reforma al Artículo 108 de la Constitución para poder juzgar por corrupción al presidente en funciones. El ejemplo de honestidad se dará desde el gobierno y habrá un sistema eficaz anticorrupción con participación ciudadana”. [6]
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Notas
[1]http://eleconomista.com.mx/foro-economico/2017/08/09/lopez-obrador-puntero-las-encuestas

Florencia Pagliarone y Ava Gómez  son investigadoras de CELAG.

viernes, 18 de agosto de 2017

El narcotráfico en México es clase gobernante

Arsinoé Orihuela

En México y el extranjero es común que el público pregunte por qué en este país matan a los periodistas, desaparecen a los estudiantes, reprimen hasta la muerte a los maestros, asesinan a líderes comunales, persiguen con ferocidad a defensores de derechos humanos, ejecutan a centenares de miles de civiles inocentes etc. La respuesta con frecuencia acude al estribillo: “fue el narcotráfico”. Esta especie de “hipótesis” inoculada, basada en información filtrada inconexamente por la prensa, aunque es parcialmente cierta, tiene limitaciones u omisiones que conviene señalar.Una primera limitación (subjetiva) es que alimenta la creencia fetichizada de que el narcotráfico es un “agente balcanizador” que las fuerzas del Estado no consiguen domeñar o contener por impotencia o debilidad. Esta “creencia” desliza (subterráneamente) la falsa noción de que la sola participación-intervención de las instituciones significa, a priori o exprofeso, un freno a las formas ilegales de hacer negocios o política, que es una tesis que (al menos en México) no resiste el menor análisis.
Esto remite a la segunda omisión (objetiva): a saber, que en México la presencia de actores institucionales de alto rango es una constante en la ecuación de los negocios del narcotráfico. Casi por regla, las corporaciones de seguridad han estado dirigidas por civiles o militares sobre cuyas personas recaen sospechas de colusión (algunas probadas) con la delincuencia organizada, particularmente el narcotráfico: Miguel Nazar Haro, Mario Arturo Acosta Chaparro, Francisco Sahagún Baca, Jorge Maldonado Vega, Jesús Gutiérrez Rebollo, Oralio Castro Aparicio, Rafael Macedo de la Concha, Genaro García Luna, por mencionar algunos.
Y, por si esto fuera poco, sólo en el curso de la administración de Enrique Peña Nieto al menos 16 ex gobernadores han sido acusados (unos detenidos otros prófugos de la justicia) por numerosos delitos que involucran asociación ilícita con el narcotráfico: Roberto Borge (Quintana Roo); Javier Duarte de Ochoa (Veracruz); Flavino Ríos (Veracruz); Tomás Yarrington (Tamaulipas); Egidio Torre Cantú (Tamaulipas); Eugenio Hernández (Tamaulipas); Guillermo Padrés (Sonora); Luis Armando Reynoso Femat (Aguascalientes); Jesús Reina García (Michoacán); Fausto Vallejo (Michoacán); Humberto Moreira (Coahuila); Rubén Moreira (Coahuila); Rodrigo Medina (Nuevo León); Miguel Alonso Reyes (Zacatecas); Ángel Aguirre Rivero (Guerrero); Andrés Granier Melo (Tabasco).
Hay que recordar que algunos de estos exgobernadores forman parte de esa “flamante” generación política que el actual presidente, Enrique Peña Nieto, presentó como fieles representantes del “nuevo PRI” (Partido Revolucionario Institucional). Y tenía razón respecto a la fiel “representatividad” de estos personajes. Únicamente se equivocó al sugerir que se trataba de un nuevo viento.
Si no recuérdese el turbulento sexenio de Carlos Salinas de Gortari. El clan Salinas es acaso el referente más emblemático del poder político en México. Durante esa administración, el cártel del Golfo alcanzó una posición dominante en el universo del narcotráfico en México, prohijado por el blindaje institucional de la familia presidencial. Juan Nepomuceno Guerra, el fundador del cártel, era compadre de Raúl Salinas Lozano, padre de Carlos, el expresidente, y de Raúl Jr., el criminalmente célebre “hermano incómodo”, quien, por cierto, paso diez años en la cárcel (1995-2005) por el asesinato de su ex cuñado José Francisco Ruiz Massieu, y por otros delitos tales como lavado de dinero, enriquecimiento ilícito, nexos con el narcotráfico etc.
En 1999, un informe suizo ratificó estos contubernios delictuosos del clan Salinas: “Ya desde finales de la década de los setenta, los hermanos Carlos y Raúl Salinas de Gortari fueron introducidos en el negocio de las drogas por su padre Raúl Salinas Lozano, quien hubiese visto con más agrado a Raúl a la cabeza del Estado en México; sin embargo, se decidió a darle el apoyo necesario a su hijo Carlos, debido a que el modo de vida no loable de Raúl no le hubiese permitido ocupar un alto cargo en la política” (Proceso, 30-I-1999).
Dos años antes (1997), la procuradora de Suiza, Carla del Ponte, presentó un reporte que detallaba las conexiones de políticos mexicanos con la delincuencia organizada. De acuerdo con el testimonio de un informante protegido del cártel de Cali, en 1990 se celebró una reunión en México con diversos jefes criminales a la que acudieron “Arturo Acosta Chaparro, Francisco Quiroz Hermosillo, Manlio Fabio Beltrones, Emilio Gamboa Patrón y José María Córdoba Montoya” ( sinembargo.mx 7-VIII-2015). Éste último fue el más cercano asesor de Carlos Salinas durante su mandato.
En 1997, Manlio Fabio Beltrones Rivera fue acusado por la DEA en Estados Unidos de brindar protección al cártel de Juárez de Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”. De acuerdo con el informe suizo antes referido, Emilio Gamboa Patrón negoció con el cártel del Golfo los 114 millones de dólares que fueron depositados a nombre de Raúl Salinas de Gortari en la banca de Suiza ( ibidem ). En la actualidad, Beltrones Rivera es el presidente del PRI, y Gamboa Patrón es el coordinador de la bancada priísta en el Senado.
Por último, una tercera omisión (también objetiva) en la que incurre aquel estribillo de “fue el narco” es que en México prevalece una tasa de impunidad de 95-100% respecto a todas las modalidades de delito (con minúsculas variaciones en las distintas entidades federativas); una cifra que, por sí sóla, da cuenta de un éxito formidable, en donde el objetivo de las instituciones no puede ser la justicia sino la impunidad.
En este sentido, la pregunta no es por qué México reporta estadísticas humanamente impresentables. Hasta un adolescente entiende que el “imperio de la ley” de “plata o plomo”, que es la ley del narcotráfico, comporta escenarios de terror, muerte y destrucción a gran escala.
La pregunta que urge formular en México es por qué el narcotráfico en México es clase gobernante.
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Fuente: https://lavoznet.blogspot.com.ar/2017/08/el-narcotrafico-en-mexico-es-clase.html

jueves, 17 de agosto de 2017

Días difíciles para el PRI


Parecería contradictorio decir que los actuales son días difíciles para el PRI pues, después de todo, a pesar de que perdió más de un millón de votos en las cruciales elecciones del Estado de México hace escasos dos meses, su candidato salió victorioso y Alfredo del Mazo pronto se sentará en el palacio de gobierno de Toluca tan campante como lo hicieron antes que él sus copartidarios Eruviel Ávila, Peña Nieto, Arturo Montiel y tantos y tantos otros desde hace casi un siglo. Pero sí, a pesar de la victoria mexiquense, también difícil, de julio pasado, estos días son igualmente, de hecho más difíciles para los priistas.
Se trata de que ya en plena carrera para el otro julio, el de las presidenciales del 2018, el PRI enfrenta un desafío mucho mayor al que enfrentó en el Edomex. Poniendo brevemente la cuestión se trata de dos problemas peliagudos: primero, la elección de su candidato presidencial y después la de la gigantesca tarea de lograr que sea el sucesor de Peña Nieto en la silla del Zócalo-Los Pinos.
Ningún presidente priista anterior a Peña Nieto tenía una situación tan deteriorada ante el conjunto de la población como él. Y eso incluye ni más ni menos a Díaz Ordaz, a Echeverría, a López Portillo, a De la Madrid, a Salinas de Gortari y al penúltimo de ellos el mediocre y gris Zedillo, quien lleva el estigma de haber sido el presidente priista derrotado por la oposición panista en el 2000. Siete personajes nefastos, nefastísimos sin duda, pero ninguno de ellos estaba en las condiciones de Peña Nieto, odiado y rechazado por la absoluta mayoría de la población. Por ejemplo, Díaz Ordaz, el verdugo de Tlatelolco, en el fin de su sexenio gozaba de una amplia aprobación de la burguesía, de sectores mayoritarios de la pequeña burguesía conservadora y después del 2 de octubre histórico mantuvo en completo control al país. De los demás se puede decir lo mismo eran muy repudiados por importantes sectores de la población, pero ese repudio no era tan abrumadoramente mayoritario como lo es hoy el que carga Peña Nieto con niveles de aprobación inéditos de sólo el 10 por ciento de la población o aún menos. En síntesis, el priismo mantenía una base social muy fuerte y aunque ciertamente ya estaba sometida a tendencias poderosas de erosión política, todavía le permitía victorias desahogadas.
El panorama para el PRI es hoy desolador: el triunfalismo del “Pacto por México” del inicio del gobierno de Peña Nieto se desplomó rápidamente y hoy tanto el PAN como el PRD, sus antiguos aliados buscan por su cuenta otro pacto (un posible Frente Amplio Opositor) para confrontarlo en 2018. El PRI no ha podido conseguir la mayoría necesaria con sus apoyos de la chiquillada (PVEM, PES y Panal) para lograr la aprobación de la propuesta de ley de seguridad interior, que le dé el marco de acción a las fuerzas armadas en las calles y el mando único policiaco. Ha perdido gobiernos estatales tradicionalmente priistas (¡Veracruz!) y hoy gobierna en menos de la mitad de los estados. No sólo eso, sino que las funestas consecuencias de las tropelías de varios de los gobernadores del “nuevo PRI” tan cacareado por el peñismo, son los ejemplos más conspicuos de la corrupción rampante reinante en la política oficial. El tricolor se enfrenta al desprestigio social por los escandalosos casos de ex gobernadores como Tomás Yarrington, Javier Duarte de Ochoa, Roberto Borge, Humberto Moreira y César Duarte Jáquez.
Todo esto es el asiento de lo que se puede denominar la gestación de una dura puja de las camarillas, con posibles rupturas, si las tensiones existentes no se controlan. Eso es muy evidente en las discusiones preparatorias de la próxima asamblea nacional del partido de este mes de agosto. En las mesas en que se discutirán los documentos que se presentarán a la plenaria destaca sin duda la cuestión de cómo se nominará al candidato presidencial. Para Peña Nieto una ratificación por la asamblea de la decisión de que el candidato no puede ser “externo” sino salido de las filas del partido con una militancia de por lo menos diez años y haber sido electo para un cargo, le restringe la selección de posibles “favoritos” como Meade y Nuño.
La mezquina “democracia burguesa” que ha sustituido al régimen tradicional de partido único de facto no se demostró ser un verdadero cambio cualitativo como fue notorio durante los aciagos sexenios panistas de Fox y Calderón. Para el 2018 se proyectan tres bloques burgueses cuyo enfrentamiento promete ser muy duro. Para el PRI y para el bloque panista y perredista, quienes cargan con la principal responsabilidad de la situa-ción de crisis que es la dominante en el país, es prioritario evitar el triunfo de Morena y su candidato López Obrador, que se postulan como las alternativas “creíbles” ante el fracaso de los primeros.
Los estrechos márgenes que tiene la democracia burguesa existente se hacen evidentes cuando se proyectan posibles escenarios como consecuencia de las elecciones de 2018. Un triunfo de Morena, aunque sea un partido hecho a la medida de su líder, significaría el posible desbordamiento de grandes sectores masivos que creerían que ha llegado su hora. Pero un freno, para no hablar de un fraude, que significara el mantenimiento del priismo como la fuerza hegemónica en el estado, posiblemente no sería tolerado. Una operación como la del Edomex el pasado julio, pero multiplicada por cien podría ser el detonador de un levantamiento de profundas consecuencias.
Son decisiones que tendrán que tomar los oligarcas en los próximos meses, decisiones, por supuesto, muy difíciles que determinarán cuál será el curso de la lucha en la los próximos años. 

Unidad Socialista N° 65, editorial, agosto-setiembre de 2017