Apuntes sobre el saqueo del patrimonio histórico y arqueológico de BCS
Tulio Ortiz Uribe
El saqueo, destrucción, robo, especulación y mercado negro
del patrimonio histórico, artístico, paleontológico y arqueológico de Baja
California Sur, es una constante que debería prender los focos rojos de las autoridades,
y donde la sociedad civil debe ya tomar conciencia: petroglifos, fósiles
marinos, profanación y saqueo de tumbas del periodo colonial y precolombinas, locomotoras,
meteoritos, objetos y muebles de valor histórico y hasta una pintura rupestre,
han salido del estado hacia colecciones privadas.
No pasa un día sin que la herencia cultural del estado sufra
una baja. Las denuncias llegan y se archivan en las agencias del Ministerio
Público, en las cabeceras municipales, en las delegaciones.
Hace unos años se documentó un hecho insólito: el escritor
Carlos Montemayor, en un artículo titulado “Baja
California Sur o la cultura del despojo”, denunció públicamente la
desaparición de una pintura rupestre,
“seccionado bloque por bloque”, en un sitio denominado arroyo El Pollo.
En su momento, entrevistado por este reportero el entonces
delegado del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Jorge Amao
Manríquez, reconoció que la pintura
rupestre había sido robada:
-¿Cuándo sucedió esto?
- No lo sabemos, en el Instituto no tenemos el personal
suficiente para vigilar los miles de sitios arqueológicos que hay en el estado.
-¿No cree que ese robo es inaudito, fuera de lo común?
- Nosotros nunca hemos negado los saqueos, los lamentamos
muchísimo. Le repito, tenemos en BCS una zona arqueológica de gran magnitud. La
protección del patrimonio no le corresponde a un solo hombre ni a una solo
institución: toda la sociedad debe estar involucrada.
-¿ No procedía una denuncia?
- No podemos hacer una denuncia penal porque no tenemos a un
responsable. Dígame ¿a quién vamos a demandar?
Carlos Montemayor denunció en el referido artículo, “el más
grande proyecto de deterioro, saqueo, pérdida y negligencia sobre el patrimonio
histórico, artístico, arqueológico y paleontológico de una entidad federativa”,
al detallar el robo en Santa Rosalía de instrumentos musicales, balanzas de
precisión, locomotoras, herramientas, archivos y muebles antiguos; venta ilegal
de edificios del siglo XIX; así como la sustracción en diversas parte del
estado de petroglifos y fósiles marinos (un diente de tiburón megalodón tiene
un precio promedio de 15 mil pesos)
Mulegé, el municipio más
saqueado
De acuerdo con denuncias ante la Procuraduría General de la
República (PGR), en foros estatales de procuración de justicia y en medios de
comunicación, el despojo de los bienes históricos y arquitectónicos de la
extinta compañía francesa El Boleo, asentada en Santa Rosalía en 1885 para la
extracción de cobre, se aceleraron a partir de 1987, cuyos ayuntamientos
realizaron “donaciones y ventas ilegales”, según denuncia que hizo el cronista de esa ciudad, Miguel
Angel Gómez, el 4 de octubre de 1987 ante la PGR (averiguación previa 276-93). Ahí se asienta que “el patrimonio ha resentido la pérdida de
archivos, muebles, instrumentos musicales, cavas de vinos importados,
teléfonos, herramienta, maquinaria, carros, vías de ferrocarril, edificios
y balanzas de precisión para pesar el
oro y la plata, todo ello reliquias del Siglo XIX”.
Tres meses antes, Amao Manríquez había pedido a la PGR,
mediante oficio dirigido al Ministerio Público Federal, que “los bienes inmuebles
y muebles de la Mesa Francia, sean resguardados y custodiados... a fin de
evitar que continúen los actos cotidianos de saqueo”. el funcionario solicitó,
“desde vigilancia las 24 horas del día, hasta el sellamiento de puertas y
ventanas de los edificios de La Dirección, la Casa Club y la Casa de Visitas”,
de la extintas compañía minera.
Asimismo pidió se iniciara una investigación (averiguación
previa 36/987) para proceder judicialmente “en contra de aquellos que resulten
responsables del saqueo de bienes culturales muebles, que se ha venido
realizando en las instalaciones de la compañía”. Dos meses después, Amao Manríquez amplió su
denuncia, y señaló como responsable “de la pérdida de bienes históricos que
existen (sic) en el edificio de la Dirección, al Ing. Fernando Perales Aguilar".
Este fue el último gerente de esa empresa, sucesora de El Boleo, antes de ser
liquidada por la Secretaría de Minas e Industria Paraestatal (SEMIP).
No obstante las pruebas que se aportaron, el agente del
Ministerio Público Federal, Ricardo Esparza Cortina, concluyó que no había
elementos para ejercitar la acción penal, ni se tomaron las medidas
precautorias para evitar nuevos desmanes.
Vendieron 4 de las 5 locomotoras que rodaron en el Estado
Las denuncias de Amao Manríquez no prosperaron porque, según
dijo, la orden de venta de muchas piezas de “incalculable valor”, provinieron
de la ciudad de México, “del director de la Comisión de Fomento Minero, Luis de
Pablos, cuando Alfredo del Mazo era el secretario de la SEMIP”.
En esos años desaparecieron varias locomotoras de vapor de
vía angosta, marca Baldwin, compradas en Bélgica en 1886, que fueron las únicas
que rodaron en el estado. Miguel Angel Gómez afirmó en su denuncia que dichas
locomotoras fueron vendidas a coleccionistas franceses y norteamericanos y hoy
se cotizan en varios millones de dólares.
No obstante que el INAH propuso y se decretó una
declaratoria de zona de monumentos históricos en Santa Rosalía, publicada en el
Diario Oficial de la Federación el 5 de diciembre de 1986, es a partir de esa
fecha cuando se incrementan los pillajes.
En abril de 1987 tomó las riendas del gobierno municipal de
Mulegé Raúl Rouzaud y fue durante su administración cuando “se realiza y
permite el éxodo masivo del escaso patrimonio histórico que quedaba en Santa
Rosalía”, como es entre otros, la venta a particulares del Hotel Francia, vieja
construcción del siglo pasado, que no obstante estar protegida por la Ley
Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, fue
puesto en venta en 1989 por acuerdo del Cabildo mulegino sin mediar dictamen del
INAH, o el desmantelamiento, clasificación pieza por pieza y traslado a un
lugar desconocido, del edificio de madera de la aduana marítima.
En sus considerandos, el Decreto de 1896 estipula que "las características formales de las edificaciones
de la ciudad, la relación de espacios y su estructura urbana, son testimonio de
gran valor para la historia social, económica y política del país". Por
esto, hace una relación de 31 construcciones y edificios con
valor histórico, construidos en el siglo XIX, entre otros el Templo de Santa
Bárbara, el Hotel Francia, el Club Rotarios, la Casa Club Manuel Santiesteban,
la Sociedad Mutualista, la Casa de Visitas y las oficinas de la Compañía El
Boleo. Varios de estos edificios se encuentran en el abandono, han sido reformados
sin permiso o de plano destruidos.
Aún hay más
Pero no sólo el patrimonio histórico de ese y otros
municipios del estado han sufrido deterioro. El 18 de abril de 1996 se
presentó una denuncia ante el agente del
Ministerio Público Federal en Cabo San
Lucas, en contra de las estadounidenses Tanya Shelton y Linda Winkler, y contra
el mexicano Manuel Fiol, por su presunta participación en los delitos de robo,
tráfico y venta ilegal de bienes históricos de la nación.
La investigación se inició luego de que una denuncia
anónima, informó que en la tienda “El Rancho”, ubicada en Cabo San Lucas y
propiedad de Shelton y Winkler, se estaban comercializando cruces de hierro
forjado, pertenecientes a tumbas del siglo XIX del panteón municipal de El
Triunfo. Este panteón está incorporado en el Catálogo Nacional de Monumentos
Históricos Inmuebles con el número de clave 03004220.
Dicho panteón data del siglo XVIII, pero fue en los años del
siglo XIX cuando se desarrolló la arquitectura funeraria que tenía por
característica un remate de cruz en hierro forjado, todas ellas consideradas
parte del patrimonio histórico del estado.
En la tienda de las norteamericanas se decomisaron cuatro
cruces y un molcajete precolombino. Linda Winkler, durante su declaración ante
el ministerio público, entregó voluntariamente dos cruces más, una pistola con
cachas de plata, una caja de madera y un metate. Se sabe que en los panteones
Inglés, Francés y El Rosario, también considerados monumentos históricos, se
han dado actos de vandalismo, saqueo y robo de puertas de ataúdes, urnas funerarias
y cruces.
Baja California Sur es un estado con una gran riqueza
arqueológica. La abundancia de vestigios prehispánicos es tal que los
campesinos, las compañías constructoras, los contrabandistas y todo el que
araña o excava el suelo, saca nuevas piezas. No hay sierra, planicie o región
costera que no tenga entierros precolombinos, muchos de ellos en buen estado de
conservación, dadas las condiciones climatológicas imperantes, de donde los
saqueadores obtienen collares y pendientes, puntas de flecha, navajas, y
utensilios domésticos como molcajetes, metates, percutores y petroglifos
(inscripciones y grabados en piedras de mediano tamaño). No hay datos exactos
pero se sabe que hay un mercado negro de estas piezas arqueológicas y
paleontológicas, que constantemente toman el rumbo de la frontera norte.
El meteorito Loreto
Un
aerolito de 95 kilos, ahora conocido como Meteorito Loreto, fue encontrado en
1896 por habitantes de esa población. No se conocen las circunstancias en las
que el estadounidense Harvey Harlow Nininger se apropió de la pieza, lo cierto
es que lo sacó del Estado de manera clandestina y lo entregó al Museo Nacional
de los Estados Unidos. Actualmente se exhibe en la colección del Instituto
Smithsoniano de la ciudad de Washington DC.