sábado, 11 de febrero de 2023

¿Quién necesita un ferrocarril en la Península de Baja California?

 

"La Alta California estadounidense está empezando a desbordarse hacia la Baja California mexicana, en un proceso que ha de marcar una época y que, de no detenerse, resultará en una marginación social y en una devastación ecológica de todo punto intolerables": Mike Davis

 

Tulio Ortiz Uribe

La Paz, BCS.-En julio pasado, el diputado Alfredo Porras Domínguez, en una más de sus ocurrencias, le dijo al diario El Independiente, que la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) "ya aprobó" un proyecto para la construcción de un ferrocarril "que conectará a Tijuana con Los Cabos", y que "antes de que termine el gobierno de López Obrador, se iniciará la obra", la cual "se licitará en breve, para saber el costo total"

Agregó que dicha línea ferroviaria partiría desde territorio estadounidense "con destino final en Los Cabos", y que (es) "un proyecto que cambiaría completamente  el modelo de desarrollo de Baja California Sur, porque ya no sería una entidad aislada y se iniciaría un desarrollo enorme", aunque no explicó cómo se daría ese "enorme" desarrollo.

El diputado federal por Morena, Miguel Torruco Garza, había dado a conocer en febrero del año pasado un proyecto para el regreso de los trenes de pasajeros en México para el año 2050. Mediante sus redes sociales compartió el mapa del proyecto que crearía 11 líneas distribuidas por casi todo el país. Baja California Sur es el único estado que, de acuerdo con el plan, no contaría con alguna línea de estos nuevos trenes.

Este dato se confirma en la página de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT), cuya Dirección General de Desarrollo Ferroviario y Multimodal, a cargo del ingeniero Manuel Eduardo Gómez Parra, no reporta ningún proyecto ferroviario para el estado. Lo mismo sucede con la Agencia Reguladora del Transporte Ferroviario, oficina auxiliar del secretario del ramo, la que tampoco informa de algún ferrocarril peninsular.

Viejos sueños colonialistas 

No es la primera vez que se habla de un proyecto para construir un ferrocarril en la Península de Baja California. En 1887 el gobierno de Porfirio Díaz y el alemán Luis Hüller firmaron un contrato para tender una línea desde Tijuana hasta Bahía de Los Ángeles en la costa del Golfo, pasando por Ensenada y San Quintín, con el derecho de operarlo durante 99 años.

El objetivo de ese ferrocarril era desarrollar una enorme extensión de territorio peninsular (6 millones de hectáreas) mediante el desmonte, venta de terrenos y colonización de una franja comprendida entre los paralelos 29° y 32°42' latitud norte, cuyos derechos de concesión también le habían sido otorgados a Hüller en 1884.

En ese tiempo existía la creencia  de que en la región había una gran riqueza minera, lo que avivaba la codicia de los extranjeros; además, se empezó a especular con la tenencia de la tierra, por la llegada de miles de inmigrantes a California, quienes buscaban un lugar en mejores condiciones de precio al sur de la frontera.1

Entre 1891 y 1892, cuando las concesiones del ferrocarril y colonización habían pasado a manos inglesas, se construyeron 27 kilómetros de vía a partir de la bahía de San Quintín en la costa del Pacífico, pues por ahí llegaron los materiales de Inglaterra.

Sin embargo los inversionistas se enfrentaron en esos años a problemas económicos, políticos y adversas condiciones climatológicas: lluvias torrenciales seguidas de una sequía que duró cuatro años con pérdidas agrícolas que afectó la actividad económica tanto agrícola como minera y ganadera, lo que derivó en la suspensión de la obra. 2

Manuel Sánchez Facio, inspector de colonias, fue enviado por el gobierno de Díaz para evaluar el proyecto del ferrocarril, quien opinó que una línea San Diego-Tijuana-Ensenada era factible, pero representaba un enorme peligro pues significaba consumar el estrecho lazo de la vida de la península con la de Estados Unidos y su desarticulación con el resto del país.3  Y agregaba que, de no ponerse “el cimiento de una inmigración que neutralice los intereses americanos”, la integración a California sería progresiva y su desenlace más probable sería la anexión"

Adicionalmente, en el centro del país el tema del ferrocarril ya había despertado criticas y temor en el ámbito político, pues aún estaba cerca la herida que dejó la pérdida de la mitad del territorio nacional. De otra parte, empresarios y políticos estadounidenses todavía declaraban abiertamente "que la península, en términos geográficos y topográficos, era una extensión del sur de California y la posible existencia de riquezas minerales les confirmaba que la península les pertenecía por derecho"4

Incluso en mayo de 1890, los periódicos San Diego Unión y el San Francisco Chronicle "desenmascararon un proyecto filibustero fraguado para anexionar Baja California a Estados Unidos. Los instigadores principales eran estadounidenses pero, según iban divulgando los periódicos, eran apoyados por los inversionistas ingleses".5

A esto habría que sumarle una propuesta del congresista californiano, William Vandever, presentada ante el Congreso de los Estados Unidos en enero de 1889, para la adquisición de la península de Baja California.6

En 1904, la línea abandonada, pasó a ser propiedad de la nación y el gobierno mexicano se dedicó a la tarea de buscar el mejor postor para el levantamiento de la vía y la venta tanto del material utilizado en la construcción como del material rodante: una locomotora y diez vagones.

Diversos historiadores están de acuerdo en que de haberse realizado la obra, México habría perdido la península, pues por la lejanía y las malas comunicaciones sería muy difícil enviar tropas para defenderla.

Mike Davis: "las hordas gringas se abalanzan sobre la península"

Mike Davis, escritor, urbanista e ideólogo de izquierda, quien falleció en octubre pasado, escribió en la revista Socialist Review: "Uno de los atractivos irresistibles de la Baja California es haber preservado un primigenio carácter salvaje que no se encuentra en parte alguna del oeste. Sin embargo, gracias a la silenciosa invasión de los baby boomers del norte, buena parte de la historia natural y de la cultura fronteriza de la Baja California podría no sobrevivir a la próxima generación", ya que "las hordas gringas se han abalanzado hacia el sur para disfrutar de sus gloriosos presupuestos de jubilación y de una más que accesibles segundas residencias bajo el sol mexicano"

Pero lo más interesante desde el punto de vista geopolítico, dice, es ver cómo “la Alta California está empezando a inundar la Baja California, en un proceso que puede hacer época si, libre de todo tipo de bridas, se completa y, así, consolida la intolerable marginalización social y la devastación ecológica que ya se avizoran en la última región verdaderamente fronteriza de México”.

La pregunta es ¿llegarán esas hordas gringas a bordo de un ferrocarril?

_________________________________________________

Notas

1.- Hilarie J. Heath. El malogrado proyecto del ferrocarril peninsular del Distrito Norte de la Baja California, 1887-1892. Estudios fronterizos vol.12 no.24,Mexicali jul./dic. 2011.

2. Ibid

3.Sánchez Facio, M. (1997), "Informe relativo a la visita de inspección practicada a las colonias establecidas en el territorio de Baja California (1888)", en C. Pacheco y Sánchez Facio, La controversia acerca de la política de colonización en Baja California, Mexicali, Baja California, SEP/UABC, Colección Baja California: nuestra historia, núm. 12.

4, León-Portilla, M. y J. M. Muriá (1992), Documentos para el Estudio de California en el siglo XIX, tomo III, México, Futura Editores.  

5.- Ibid

6.- La encrucijada de Baja California Norte, 1882-1890: empresas extranjeras, nacionalismos y relaciones internacionales Paolo Riguzzi El Colegio Mexiquense p. 205