domingo, 30 de octubre de 2022

 

Un bloqueo económico sin parangón en la historia

 

Edelberto López branch

Es imposible que alguien en pleno juicio y con un elemental sentido de humanidad pueda pensar que no exista el bloqueo económico, financiero y comercial que durante más de 60 años Estados Unidos ha mantenido y reforzado contra Cuba. Los datos y hechos son abrumadores.

El canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla, en una reciente conferencia ante la prensa informó que Cuba llevará por trigésima ocasión a la Asamblea General de Naciones Unidas el documento la Necesidad de poner fin al bloqueo contra Cuba, el cual se debatirá los días 2 y 3 de noviembre.  

En el informe se detalla que entre agosto de 2021 y febrero de 2022, las pérdidas ocasionadas por el bloqueo fueron3 806 millones de dólares, un monto récord histórico para un período reducido de solo siete meses. El Producto Interno Bruto de Cuba, según datos muy conservadores, pudo haber crecido, pese a las circunstancias adversas que enfrenta la economía cubana, en 4,5 % en ese período, de no haberse aplicado esas medidas.

Agrega que en los 14 primeros meses del gobierno de Joe Biden los perjuicios ocasionados por el bloqueo ascienden a 6 364 millones de dólares, o sea, más de 454 millones de dólares mensuales en daños y perjuicios. En los 60 años transcurridos, a precios corrientes, los daños acumulados suman 154 217 millones de dólares.

En cuanto al valor de la onza de oro, tomando en cuenta las depreciaciones, los perjuicios acumulados alcanzan la enorme cantidad de 1 billón 391 mil 111 millonesde dólares. Cifra exorbitante para una economía pequeña, sin grandes recursos naturales y una nación subdesarrollada.

El líder de la Revolución, Comandante en Jefe Fidel Castro, se refirió en varias ocasiones a esa criminal medida: “El bloqueo es algo más que prohibir la venta de mercancías de Estados Unidos, impedir comprar o vender en Estados Unidos, es una feroz presión y una feroz persecución para evitar que nosotros hagamos operaciones comerciales de ningún tipo, y todo ese poderío inmenso está concentrado hoy contra nuestro país”.

En otro discurso puntualizó: “Para nosotros es inaceptable la cuestión del cese del bloqueo a cambio de concesiones políticas, concesiones que corresponden a la soberanía de nuestro país. Es absolutamente inaceptable, es indignante, es irritante, y, realmente, preferimos perecer a renunciar a nuestra soberanía”.

Estados Unidos se ha guiado todos estos años por el memorando escrito el 6 de abril de 1960 por el subsecretario de Estado Lester Mallory al entonces presidente D. Eisenhower en el que exponía: “La mayoría de los cubanos apoyan a Castro…el único modo previsible de restarle apoyo interno es mediante el desencanto y la insatisfacción que surjan del malestar económico y las dificultades materiales”…Y de esa forma “provocar hambre y desesperación y el derrocamiento del Gobierno”.

El bloqueo viola flagrantemente, el derecho internacional y en particular la libertad de comercio e inversión. Niega créditos y ayuda financiera a países y entidades que cooperen con Cuba y establece que las compañías de cualquier país del mundo que tengan tratos con la Isla pueden ser sometidas a represalias legales. Prohíbe incluso a potenciales inversionistas la entrada a Estados Unidos.

Trump reforzó el bloqueo con 243 nuevas medidas y no hizo nada para flexibilizarlo por razones humanitarias ante el avance de la pandemia global. Al contrario, promovió una campaña mediática de descrédito contra los médicos cubanos, multiplicó los proyectos de subversión interna e hizo lo imposible por impedir la adquisición de medicamentos, medios de protección, pruebas diagnósticas e insumos básicos destinados al combate contra la epidemia y a la fabricación de vacunas en la Isla.

En su intervención, el canciller cubano puntualizó que en esa dirección, la política del presidente Joseph Biden contra la Isla “es lamentable e inercialmente la misma republicana. No se han introducido cambios en esa política.

En la actualidad se continúa persiguiendo cada ingreso, cada fuente de financiamiento y de suministro del país por lo que el bloqueo es el elemento central que define la naturaleza de la política de Estados Unidos hacia Cuba.

Aunque medios de comunicación hegemónicos ignoran los efectos de esas medidas, lo cierto es que Cuba no puede adquirir tecnologías, equipos, partes, piezas, tecnologías digitales o software, que tengan un 10% de componentes estadounidenses, lo cual es un impacto directo como el de la carencia de divisas para garantizar suministros.

Se persigue a navieras y barcos contratados para la importación de combustible y otros suministros vitales bajo amenaza de sanciones. Son multimillonarias las multas impuestas a bancos internacionales por la más mínima transacción que involucre a Cuba.

Durante el octavo Congreso del Partido Comunista, el General de Ejército Raúl Castro calificó al bloqueo, como “la guerra económica más abarcadora, desigual y prolongada que se haya desatado contra nación alguna”

Seguramente que a principios de noviembre cuando Cuba presente por trigésima ocasión a la Asamblea General de la ONU el informe sobre la Necesidad de poner fin al bloqueo contra la Isla, la abrumadora mayoría de sus miembros votarán nuevamente por eliminarlo. 

Aunque el prepotente y decadente imperio estadounidense haga caso omiso a ese pedido universal y siga aferrado a la idea de derrocar al gobierno revolucionario con esas perversas, inhumanas y dañinas medidas, Cuba continuará resistiendo los embates como lo ha hecho durante más de 60 años.

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Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. 

Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano.

viernes, 14 de octubre de 2022

Silenciar a los corderos: cómo funciona la propaganda

 

John Pilger

En la década de 1970 conocí a una de las principales propagandistas de Hitler, Leni Riefenstahl, cuyas películas épicas glorificaban a los nazis. Nos alojábamos en el mismo albergue en Kenia, donde ella estaba en una tarea de fotografía, después de haber escapado del destino de otros amigos del Führer.

Me dijo que los “mensajes patrióticos” de sus películas  no dependían  de “órdenes de arriba”, sino de lo que ella llamaba el “vacío sumiso” del público alemán.

¿Eso incluía a la burguesía liberal y educada? Yo pregunté. “Sí, especialmente ellos”, dijo. 

Pienso en esto mientras observo la propaganda que ahora consume a las sociedades occidentales. 

Por supuesto, somos muy diferentes de la Alemania de los años treinta. Vivimos en sociedades de la información. Somos globalistas. Nunca hemos estado más conscientes, más en contacto, mejor conectados. 

¿O vivimos en Occidente en una  Sociedad de Medios  donde el lavado de cerebro es insidioso e implacable, y la percepción se filtra de acuerdo con las necesidades y mentiras del poder estatal y corporativo? 

Estados Unidos domina los medios de comunicación del mundo occidental. Todas menos una de las 10 principales empresas de medios tienen su sede en América del Norte. Internet y las redes sociales (Google, Twitter, Facebook) son en su mayoría de propiedad y control estadounidenses.

Durante mi vida, Estados Unidos ha derrocado o intentado derrocar a más de 50 gobiernos, en su mayoría democracias. Ha interferido en elecciones democráticas en 30 países. Ha lanzado bombas sobre la población de 30 países, la mayoría de ellos pobres e indefensos. Ha intentado asesinar a los líderes de 50 países. Ha luchado para suprimir los movimientos de liberación en 20 países. 

El alcance y la escala de esta carnicería en gran medida no se informa, no se reconoce, y los responsables continúan dominando la vida política angloamericana.

Harold Pinter rompió el silencio

En los años previos a su muerte en 2008, el dramaturgo Harold Pinter pronunció dos discursos extraordinarios, que rompieron un silencio.

“La política exterior de Estados Unidos”, dijo:

“Se define mejor de la siguiente manera: bésame el culo o te pateo la cabeza. Es tan simple y tan crudo como eso. Lo interesante de esto es que es tan increíblemente exitoso. Posee las estructuras de desinformación, uso de la retórica, distorsión del lenguaje, que son muy persuasivas, pero en realidad son una sarta de mentiras. Es una propaganda muy exitosa. Tienen el dinero, tienen la tecnología, tienen todos los medios para salirse con la suya, y lo hacen”.

Al aceptar el Premio Nobel de Literatura, Pinter dijo esto: 

“Los crímenes de los Estados Unidos han sido sistemáticos, constantes, atroces, despiadados, pero muy pocas personas realmente han hablado de ellos. Tienes que dárselo a América. Ha ejercido una manipulación bastante clínica del poder en todo el mundo mientras se hace pasar por una fuerza para el bien universal. Es un acto de hipnosis brillante, incluso ingenioso y muy exitoso”.

Pinter era un amigo mío y posiblemente el último gran sabio político, es decir, antes de que la política disidente fuera aburguesada. Le pregunté si la “hipnosis” a la que se refería era el “vacío sumiso” descrito por Leni Riefenstahl. 

“Es lo mismo”, respondió. “Significa que el lavado de cerebro es tan completo que estamos programados para tragarnos un montón de mentiras. Si no reconocemos la propaganda, podemos aceptarla como normal y creerla. Ese es el vacío sumiso”.

En nuestros sistemas de democracia corporativa, la guerra es una necesidad económica, la unión perfecta de subsidio público y ganancia privada: socialismo para los ricos, capitalismo para los pobres. El día después del 11 de septiembre, los precios de las acciones de la industria bélica se dispararon. Se avecinaba más derramamiento de sangre, lo cual es excelente para los negocios.

Hoy, las guerras más rentables tienen su propia marca. Se llaman “guerras eternas”: Afganistán, Palestina, Irak, Libia, Yemen y ahora Ucrania. Todos están basados ​​en una sarta de mentiras.

Irak es el más infame, con sus armas de destrucción masiva que no existían. La destrucción de Libia por parte de la OTAN en 2011 se justificó por una masacre en Benghazi que no sucedió. Afganistán fue una guerra de venganza conveniente por el 11 de septiembre, que no tuvo nada que ver con el pueblo de Afganistán. 

Hoy, las noticias de Afganistán son cuán malvados son los talibanes, no que el robo de $7 mil millones de las reservas bancarias del país por parte del presidente estadounidense Joe Biden esté causando un sufrimiento generalizado. Recientemente, National Public Radio en Washington dedicó dos horas a Afganistán y 30 segundos a su gente hambrienta.

En su cumbre en Madrid en junio, la OTAN, controlada por Estados Unidos, adoptó un documento de estrategia que militariza el continente europeo y aumenta la perspectiva de guerra con Rusia y China. Propone “combates de múltiples dominios contra competidores con armas nucleares”. En otras palabras, la guerra nuclear.

Dice: “La ampliación de la OTAN ha sido un éxito histórico”. Lo leí con incredulidad. 

Las noticias de la guerra en Ucrania en su mayoría no son noticias, sino una letanía unilateral de jingoísmo, distorsión y omisión. He informado de varias guerras y nunca he conocido una propaganda tan general. 

En febrero, Rusia invadió Ucrania como respuesta a casi ocho años de asesinatos y destrucción criminal en la región de habla rusa de Donbass en su frontera. 

En 2014, Estados Unidos patrocinó un golpe de estado en Kiev que eliminó al presidente ucraniano elegido democráticamente y amigo de Rusia e instaló a un sucesor que los estadounidenses dejaron claro que era su hombre. 

En los últimos años, se han instalado misiles “defensores” estadounidenses en Europa del Este, Polonia, Eslovenia, la República Checa, casi con certeza dirigidos a Rusia, acompañados de falsas garantías que se remontan a la “promesa” de James Baker al líder soviético Mikhail Gorbachev en febrero de 1990 que la OTAN nunca se expandiría más allá de Alemania. 

La OTAN en la frontera de Hitler

Ucrania es la primera línea. La OTAN ha llegado efectivamente a la misma frontera a través de la cual el ejército de Hitler irrumpió en 1941, dejando más de 23 millones de muertos en la Unión Soviética. 

En diciembre pasado, Rusia propuso un plan de seguridad de gran alcance para Europa. Esto fue descartado, ridiculizado o suprimido en los medios occidentales. ¿Quién leyó sus propuestas paso a paso? El 24 de febrero, el presidente Volodymyr Zelensky amenazó con desarrollar armas nucleares a menos que Estados Unidos armara y protegiera a Ucrania.  

El mismo día, Rusia invadió, un acto no provocado de infamia congénita, según los medios occidentales. La historia, las mentiras, las propuestas de paz, los acuerdos solemnes sobre Donbass en Minsk no contaron para nada. 

El 25 de abril, el secretario de Defensa de EE. UU., Lloyd Austin, voló a Kiev y confirmó que el objetivo de Estados Unidos era destruir la Federación Rusa; la palabra que usó fue “debilitar”. Estados Unidos había obtenido la guerra que quería, librada por un representante estadounidense financiado y armado y un peón prescindible.

Casi nada de esto fue explicado a las audiencias occidentales.

La invasión rusa de Ucrania es desenfrenada e inexcusable. Es un crimen invadir un país soberano. No hay “peros”, excepto uno.

¿Cuándo comenzó la guerra actual en Ucrania y quién la inició? Según Naciones Unidas, entre 2014 y este año, unas 14.000 personas han muerto en la guerra civil del régimen de Kiev en el Donbass. Muchos de los ataques fueron llevados a cabo por neonazis. 

En el mismo mes, decenas de personas de habla rusa fueron quemadas vivas o asfixiadas en un edificio sindical en Odessa asediado por matones fascistas, los seguidores del colaborador nazi y fanático antisemita Stepan Bandera.  El New York Times  llamó a los matones “nacionalistas”.

“La misión histórica de nuestra nación en este momento crítico”, dijo Andreiy Biletsky, fundador del Batallón Azov, “es liderar a las Razas Blancas del mundo en una cruzada final por su supervivencia, una cruzada contra los  Untermenschen dirigidos por los semitas.”

Desde febrero, una campaña de autodenominados “monitores de noticias” (en su mayoría financiados por estadounidenses y británicos con vínculos con los gobiernos) ha tratado de mantener el absurdo de que los neonazis de Ucrania no existen. 

La aerografía, una vez asociada con las purgas de Stalin, se ha convertido en una herramienta del periodismo convencional.

En menos de una década, una China “buena” ha sido retocada y una China “mala” la ha reemplazado: del taller del mundo a un nuevo Satanás en ciernes.  

Gran parte de esta propaganda se origina en los EE. UU. y se transmite a través de representantes y “grupos de expertos”, como el notorio Instituto Australiano de Política Estratégica, la voz de la industria armamentística, y por periodistas como Peter Hartcher de The  Sydney Morning Herald . quien ha etiquetado a quienes difunden la influencia china como “ratas, moscas, mosquitos y gorriones” y sugirió que estas “plagas” sean “erradicadas”. 

Las noticias sobre China en Occidente se refieren casi exclusivamente a la amenaza de Pekín. Están retocadas las 400 bases militares estadounidenses que rodean la mayor parte de China, un collar armado que se extiende desde Australia hasta el Pacífico y el sudeste de Asia, Japón y Corea. La isla japonesa de Okinawa y la isla coreana de Jeju son como armas cargadas que apuntan a quemarropa al corazón industrial de China. Un funcionario del Pentágono describió esto como una “soga”.

Palestina ha sido mal informada desde que tengo memoria. Para la BBC, existe el “conflicto” de “dos narrativas”. La ocupación militar más larga, brutal y sin ley de los tiempos modernos es inmencionable. 

El pueblo afectado de Yemen apenas existe. Son personas mediáticas. Mientras los saudíes hacen llover sus bombas de racimo estadounidenses con asesores británicos que trabajan junto con los oficiales sauditas, más de medio millón de niños se enfrentan al hambre.

Este lavado de cerebro por omisión no es nuevo. La matanza de la Primera Guerra Mundial fue reprimida por reporteros a los que se les otorgó el título de caballero por su cumplimiento. En 1917, el editor de The  Manchester Guardian , CP Scott, confió al primer ministro Lloyd George: “Si la gente realmente supiera [la verdad], la guerra se detendría mañana, pero no saben ni pueden saber”.

La negativa a ver a las personas y los eventos como los ven los de otros países es un virus mediático en Occidente, tan debilitante como el Covid. Es como si viéramos el mundo a través de un espejo unidireccional, en el que “nosotros” somos morales y benignos y “ellos” no lo son. Es una visión profundamente imperial.

La historia que es una presencia viva en China y Rusia rara vez se explica y rara vez se comprende. Vladimir Putin es Adolf Hitler. Xi Jinping es Fu Man Chu. Apenas se conocen logros épicos, como la erradicación de la pobreza extrema en China. Qué perverso y sórdido es esto.

¿Cuándo nos permitiremos comprender? Formar a los periodistas al estilo de fábrica no es la respuesta. Tampoco lo es la maravillosa herramienta digital, que es un medio, no un fin, como la máquina de escribir de un dedo y la linotipia.

En los últimos años, algunos de los mejores periodistas se han alejado de la corriente principal. “Defenestrado” es la palabra utilizada. Los espacios que alguna vez se abrieron a los inconformistas, a los periodistas que iban contra la corriente, a los que decían la verdad, se han cerrado.  

El caso de Julian Assange es el más impactante. Cuando Julian y WikiLeaks pudieron ganar lectores y premios para The  Guardian, The New York Times  y otros “documentos de registro” importantes, se celebró. 

Cuando el estado oscuro se opuso y exigió la destrucción de los discos duros y el asesinato del personaje de Julian, se convirtió en enemigo público. El vicepresidente Joe Biden lo comparó con un “terrorista de alta tecnología”. Hillary Clinton preguntó: “¿No podemos simplemente engañar a este tipo?” 

La subsiguiente campaña de abuso y vilipendio contra Julian Assange —el relator de la ONU sobre la tortura lo llamó “mobbing”— llevó a la prensa liberal a su punto más bajo. Sabemos quiénes son. Pienso en ellos como colaboradores: como periodistas de Vichy. 

¿Cuándo se levantarán los verdaderos periodistas? Ya existe un samizdat inspirador   en Internet:  Consortium News, fundado por el gran reportero Robert Parry,  The Grayzone de Max Blumenthal, Mint Press News, Media Lens, DeclassifiedUK, Alborada, Electronic Intifada , WSWS, ZNet, ICH, CounterPunch, Independent Australia, el trabajo de Chris Hedges, Patrick Lawrence, Jonathan Cook, Diana Johnstone, Caitlin Johnstone y otros que me perdonarán por no mencionarlos aquí.    

¿Y cuándo se levantarán los escritores, como lo hicieron contra el ascenso del fascismo en la década de 1930? ¿Cuándo se levantarán los cineastas, como lo hicieron contra la Guerra Fría en la década de 1940? ¿Cuándo se levantarán los satíricos, como lo hicieron hace una generación? 

Habiendo empapado durante 82 años en un baño profundo de justicia que es la versión oficial de la última guerra mundial, ¿no es hora de que aquellos que deben mantener las cosas claras declaren su independencia y decodifiquen la propaganda? La urgencia es mayor que nunca.

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John Pilger ha ganado dos veces el premio más importante de Gran Bretaña para el periodismo y ha sido Reportero Internacional del Año, Reportero de Noticias del Año y Escritor Descriptivo del Año.  Ha realizado 61 documentales y ha ganado un Emmy, un BAFTA y el premio de la Royal Television Society. Su ‘Cambodia Year Zero’ es nombrada como una de las diez películas más importantes del siglo XX. Puede ser contactado en www.johnpilger.com