martes, 20 de octubre de 2020

 

Todo el poder al pueblo

 

Claudia Korol

El triunfo del pueblo boliviano contra los golpistas y la derecha en las elecciones, la contundencia del resultado y la posibilidad de avanzar hacia la profundización de un proceso de cambios marcado por la descolonización del Estado Plurinacional constituyen hoy un gran aliento para los pueblos de todo el continente.

Todavía no es posible distraernos en festejos, aunque nuestros corazones laten a ritmo frenético. Porque, a pesar de que el resultado reconocido permite que la fórmula encabezada por Luis Arce y David Choquehuanca llegue a la presidencia y vicepresidencia en la primera vuelta, este resultado tendrá que ser defendido de las acciones mafiosas de la derecha, que buscará caminos para desestabilizar e impedir que se desmonte la retórica del fraude con la que se buscó legitimar el golpe de Estado un año atrás.

Tampoco podemos distraernos: sabemos que la derecha fascista, civil, militar y paramilitar, y sus custodios –la embajada yanqui, la OEA, las corporaciones transnacionales que ganaron mucho poder económico y control político con el beneficio del Gobierno golpista– ya están preparando su respuesta criminal.

La fórmula del Movimiento al Socialismo (MAS) fue el camino que el pueblo boliviano eligió para derrotar al golpe de Estado. A pesar de todas las maniobras tendientes a restar votos a los candidatos del pueblo, impidiendo el voto en el exterior, generando miedo con la saturación militar y policial en las calles, intentando manipular el escrutinio eliminando horas antes del mismo la difusión de resultados preliminares, el pueblo impuso su voluntad. La fórmula encabezada por Arce y Choquehuanca obtuvo más del 53,4% de los votos, 22 puntos más que su seguidor, el derechista Carlos Mesa, que logró el 31,5%, y casi 40 puntos más que el golpista fascista Fernando Camacho, que quedó con 14,1%.

En un lugar absurdo quedan la OEA y su portavoz, Luis Almagro, que un año atrás legitimaron la idea de fraude que permitió la destitución de Evo Morales. En un lugar absurdo quedan quienes, desde discursos izquierdistas o feministas, responsabilizaron del golpe de Estado a las víctimas del mismo y no al poder hegemónico del país y del mundo que conspiró para interrumpir el proceso de cambio no por sus debilidades, no por sus extravíos, sino por lo que contenía de amenaza para sus intereses (capitalistas).

Los errores cometidos por el gobierno de Evo serán analizados y balanceados por su pueblo y por las organizaciones que, un año después, regresan al Gobierno. Pero nada justifica el golpe de Estado, la dictadura cívico militar paramilitar y religiosa, las masacres, los crímenes de lesa humanidad, la proscripción política, la persecución y prisión de líderes políticos/as y sociales (especialmente indígenas), el exilio, el cierre de los medios de comunicación comunitarios, la persecución al periodismo que cuestionaba al golpe, la violencia patriarcal y racista contra las mujeres de pollera, la falta de respeto a la wiphala y a los símbolos del Estado Plurinacional.

Ese mismo pueblo será el que ahora construya los caminos para que haya justicia y para que haya memoria. Para que sean juzgados los criminales que produjeron las masacres de Senkata y Sacaba, los responsables de la muerte de Sebastián Moro, periodista argentino asesinado por los fascistas.

Seremos los pueblos quienes seguiremos exigiendo la libertad de Facundo Molares, periodista argentino rehén de la dictadura boliviana en la cárcel de Chonchocoro, y por la libertad de todos los presos y presas políticas. El triunfo del MAS tendrá que ser confirmado con acciones cotidianas que pacifiquen al país a partir de la justicia y no de la impunidad o la desmemoria.

Este resultado alegra, estimula la lucha de todos los pueblos, y también obliga a mirar críticamente el camino de modo que en este nuevo momento, con la fuerza y legitimidad que da el resultado electoral, se pueda profundizar el proceso de cambio, para que no quede atrapado en las lógicas institucionales de las democracias condicionadas por el lobby mundial transnacional y sus gobiernos títeres.

Desmontar la militarización, las fuerzas represivas entrenadas en el fascismo y el racismo, la cultura del miedo internalizada a sangre y fuego, es parte inalienable de la posibilidad de recuperación de una democracia del pueblo y para el pueblo.

El poder popular, feminista, anticolonial, ganó una segunda oportunidad que no puede desperdiciar. El pueblo que resistió en las calles la dictadura, que salió a cortar rutas a pesar de la pandemia frente al aplazamiento de las elecciones, que controló voto a voto cuando se decidió que esa fuera la estrategia de lucha, merece ahora ser la fuente de todo el poder.

La dignidad de los rostros que hoy celebran la derrota política de la dictadura quedará grabada en nuestra historia colectiva. ¡Jallalla las mujeres de pollera! ¡Jallalla el pueblo boliviano! ¡La wiphala se respeta, carajo!!

Claudia Korol. Comunicadora, feminista e integrante del equipo de educación popular Pañuelos en Rebeldía. Fuente: https://jacobinlat.com/2020/10/19/todo-el-poder-al-pueblo/

 

domingo, 11 de octubre de 2020

 

Estados Unidos y Venezuela: Contexto histórico

 

James Petras

Fuentes:Rebelión

"Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo. Ellos las tienen y nosotros las queremos" (Funcionario anónimo de la Administración Trump)

Introducción

La hostilidad hacia Venezuela y las iniciativas estadounidenses para derrocar a su gobierno forman parte de la larga e ignominiosa historia de intervenciones de EE.UU. en América Latina que se remonta a la segunda década del siglo XIX.

En 1823, el presidente Monroe declaró en la doctrina que lleva su nombre el derecho de EE.UU. a mantener alejados de la región a los europeos, junto con el derecho de EE.UU. a intervenir para favorecer sus intereses económicos, políticos y militares.

Vamos a resumir en este artículo las fases históricas de la intervención política y militar de Estados Unidos en la región con el fin de favoreces los intereses de las empresas y los bancos de ese país, así como los movimientos sociales y políticos latinoamericanos que se le han opuesto a lo largo del tiempo.

El primer periodo comprende desde finales del siglo XIX a la década de los treinta, e incluye intervenciones de los marines, la implementación de dictaduras clientelares y la resistencia popular liderada por figuras revolucionarias en El Salvador (Farabundo Martí), Nicaragua (Augusto Sandino), Cuba (José Martí) y México (Lázaro Cárdenas).

Luego resumiremos las intervenciones posteriores a la Segunda Guerra Mundial, el derribo de gobiernos populares y la represión de los movimientos sociales en Guatemala (1954), el golpe de Estado de Chile (1973) y la invasión de República Dominicana (1965), Granada (1982) y Panamá (1989).

Terminaremos examinando las iniciativas estadounidenses para derrocar al gobierno venezolano (desde 1998 hasta la actualidad).

Política de Estados Unidos en América Latina: Democracia, dictaduras y movimientos sociales

El general estadounidense Smedley Butler resumía sus 33 años en el ejército afirmando que «[he sido] un músculo que trabajaba a favor de las grandes empresas, Wall Street y los banqueros […] Contribuí a mantener a salvo los intereses petroleros en México en 1914. Ayudé a que Cuba y Haití se convirtieran en lugares decentes para que el National City Bank pudiera recoger beneficios […] Colaboré en el saqueo de media docena de repúblicas centroamericanas en beneficio de Wall Street. Ayudé a purificar Nicaragua para el Banco de Brown Brothers entre 1902 y 1912. Favorecí los intereses de la industria azucarera estadounidense en República Dominicana en 2016. Contribuí a que Honduras aceptara las compañías fruteras en 1903 […] Cuando miro hacia atrás, ¡pienso que podría haber dado algunos buenos consejos a Al Capone!

En los primeros 40 años del siglo XX, Estados Unidos invadió Cuba convirtiéndola en una cuasi colonia y repudiando al héroe de su independencia José Martí; proporcionó asistencia militar y asesoría al dictador de El Salvador, asesinó a su dirigente revolucionario Farabundo Martí y a 30.000 campesinos sin tierra que pretendían la reforma agraria. Intervino en Nicaragua, combatiendo a su líder patriótico Augusto Sandino e instaló una dinastía dictatorial dirigida por los Somoza, que se mantuvo en el poder hasta 1979. También intervino en Cuba en 1933 para instalar una dictadura militar que reprimiera el alzamiento de los trabajadores del azúcar. Entre 1952 y 1958, Washington armó a Batista en su lucha contra el movimiento revolucionario 26 de Julio, liderado por Fidel Castro. A finales de los treinta, EE.UU. amenazó con invadir México cuando su presidente, Lázaro Cárdenas, nacionalizó las compañías petroleras estadounidenses y redistribuyó la tierra entre millones de campesinos sin acceso a ella.

Tras la derrota del fascismo (1941-1945), se produjo un crecimiento significativo de gobiernos socialdemócratas en América Latina, a los que EE.UU. se oponía. En 1954, derrocó al presidente electo de Guatemala, Jacobo Arbenz, que había expropiado las plantaciones bananeras de la United Fruit Company. Apoyó un golpe militar en Brasil en 1964, que mantuvo el poder veinte años. En 1963, derrocó al gobierno de Juan Bosch, elegido democráticamente, e invadió República Dominicana para evitar un levantamiento popular. En 1973 respaldó el golpe militar chileno que derrocó al presidente socialista Salvador Allende y sostuvo el régimen militar del dictador Augusto Pinochet durante casi veinte años. Posteriormente, EE.UU. ocupó Granada en 1983 y Panamá en 1989.

Estados Unidos sostuvo a los regímenes derechistas de la región que apoyaban a los oligarcas de la banca y las grandes compañías estadounidenses, los mismos que explotaban los recursos, a los trabajadores y a los campesinos.

Pero a comienzos de los noventa, poderosos movimientos sociales encabezados por trabajadores, campesinos, funcionarios de clase media, médicos y profesores desafiaron la alianza entre las élites gobernantes de EE.UU. y las distintas naciones. En Brasil, el Movimiento de los Sin Tierra, que agrupaba a 300.000 campesinos, consiguió la expropiación de grandes latifundios improductivos; en Bolivia, los mineros y campesinos indígenas, incluyendo a los cocaleros, derribaron a la oligarquía. En Argentina, las huelgas generales y los movimientos de masa de desempleados consiguieron echar a los gobernantes corruptos aliados del City Bank. El éxito de los movimientos nacionalistas y populistas llevó a la convocatoria de elecciones libres que ganaron presidentes progresistas de izquierdas en toda América Latina, especialmente en Venezuela.

Venezuela: elecciones democráticas, reformas sociales y triunfo del presidente Chávez

En 1989, los programas de austeridad impuestos por el presidente de Venezuela, con el respaldo de EE.UU. dieron paso a manifestaciones de protesta (el Caracazo) fuertemente reprimidas por la policía y el ejército, que causaron cientos de muertos y heridos. Hugo Chávez, un oficial del ejército, se rebeló y apoyó la revuelta popular. Fue detenido, encarcelado, posteriormente liberado y se presentó como candidato a la presidencia. En 1999 resultó elegido por un amplio margen sobre la base de un programa de reformas sociales, nacionalismo económico, fin de la corrupción e independencia política.

Washington inició entonces una campaña de hostilidades para que Chávez se uniera a la guerra global del presidente Bush en Afganistán y el resto del mundo. Pero Chávez se negó a someterse, afirmando: «No se combate el terror con el terror». A finales de 2001, el embajador de EE.UU. se reunió con la élite empresarial y un sector del ejército para destituir a Chávez mediante un golpe de Estado que se produciría en abril de 2002. El golpe apenas duró 24 horas. Más de un millón de personas, la mayor parte residentes de los barrios de chabolas, marcharon hacia el palacio presidencial con el apoyo de los militares leales. Derrotaron el golpe y restituyeron a Chávez. A partir de ahí, Chávez ganó una docena de elecciones democráticas y referendos a lo largo de la década siguiente. El presidente Chávez triunfó, en buena medida, gracias a su programa exhaustivo de reformas socioeconómicas a favor de los trabajadores, desempleados y clase media.

Construyó más de dos millones de casas y apartamentos, que se distribuyeron de forma gratuita entre las clases populares; cientos de clínicas y hospitales que ofrecían sanidad gratuita en los barrios más pobres; universidades, escuelas de formación y centros médicos para estudiantes de baja renta con acceso libre.

Miles de personas debatieron y votaron temas políticos y sociales en los centros comunitarios de los barrios, incluyendo críticas y destituciones de políticos locales, algunos incluso funcionarios chavistas.

Entre 1998 y 2012, el presidente Hugo Chávez ganó cuatro elecciones presidenciales directas, varias mayorías en el Congreso y dos referendos nacionales, obteniendo entre el 56% y más del 60% de los votos. Tras su muerte, el presidente Maduro ganó las elecciones en 2013 y en 2018, aunque por un margen menor. La democracia floreció y las elecciones fueron libres y abiertas a todos los partidos.

Como los candidatos respaldados por EE.UU. eran incapaces de ganar elecciones, Washington recurrió a los disturbios callejeros violentos e hizo un llamamiento a la rebelión en el ejército para revertir los resultados electorales. El presidente Obama optó por aplicar sanciones al país, que Trump profundizó. Estados Unidos ha incautado miles de millones de dólares en activos venezolanos y en las refinerías petroleras en Estados Unidos. Luego escogió un nuevo presidente (no elegido), Guaidó, cuya misión era subvertir al ejército para que tomara el poder.

Pero no lo consiguieron: apenas cien soldados, de a un ejército de 267.000 efectivos, y unos pocos miles de simpatizantes de derechas secundaron la llamada. La revuelta de la «oposición» fue un completo fracaso.

Este fracaso de Estados Unidos era previsible, pues la masa de votantes defiende sus logros socioeconómicos, su control del poder local, su dignidad y su derecho a ser respetada. Más del 80% de la población, incluyendo la mayoría de la oposición, se opone a una invasión de EE.UU.

Las sanciones económicas de Estados Unidos han contribuido a una hiperinflación y a la muerte de unos 40.000 venezolanos debido a la escasez de suministros médicos.

Conclusión

Estados Unidos y la CIA han continuado aplicando la estrategia que tan buenos resultados les dio el siglo pasado para intentar derribar al gobierno venezolano y hacerse con el control de sus recursos petroleros y minerales. Al igual que entones, han intentado imponer un dictador sumiso que reprimiría los movimientos populares y subvertiría los procesos electorales democráticos. Washington pretendía imponer un aparato electoral que asegurara la elección de líderes manejables, como hizo en el pasado y ha hecho en época reciente en Paraguay, Honduras y Brasil.

Por el momento, Washington no lo ha conseguido, en buena parte porque el pueblo ha defendido sus logros históricos. La mayor parte de los pobres y los trabajadores son conscientes de que una invasión y ocupación por parte de Estados Unidos produciría una masacre y la destrucción de su soberanía y su dignidad.

El pueblo es consciente de la agresión de Estados Unidos y de los errores del gobierno venezolano. Y quiere correcciones y rectificaciones. El gobierno del presidente Maduro está a favor del diálogo con la oposición no violenta. Los venezolanos están desarrollando lazos económicos con Rusia, China, Irán, Turquí, Bolivia, México y otros países independientes.

Latinoamérica ha sufrido décadas de explotación y dominación por parte de Estados Unidos, pero también cuenta con una historia de resistencia popular exitosa, incluyendo las revoluciones de México, Bolivia y Cuba, y los movimientos sociales y triunfos electorales posteriores en Brasil, Argentina, Ecuador y Venezuela.

El presidente Trump y su séquito asesino compuesto por [el secretario de Estado Mike] Pompeo, [el consejero de seguridad John] Bolton y [el emisario especial para Venezuela Elliott] Abrams han declarado la guerra al pueblo de Venezuela, pero por el momento han sido derrotados.

La lucha continúa.

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La Tijereta ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo


viernes, 11 de septiembre de 2020


 

En marcha el proceso para su extradición

El juicio estalinista a Julian Assange

Por John Pilger

John Pilger ha informado durante años del largo y épico calvario de Julian Assange. El 7 de septiembre dirigió estas palabras a las personas reunidas en el exterior del Juzgado Central Penal de Londres al comienzo de la última fase del las audiencias que dictaminarán la extradición del editor de Wikileaks.

La primera vez que me reuní con Julian Assange, hace más de diez años, le pregunté por qué había puesto en marcha Wikileaks. Él me contesto: “Porque la transparencia y la rendición de cuentas [de gobiernos e instituciones] son cuestiones morales esenciales de la vida pública y del periodismo”.

Nunca había oído a un editor invocar a la moralidad de esta manera. Assange cree que los periodistas son agentes del pueblo, no del poder. Cree que nosotros, la gente, tenemos el derecho a conocer los secretos más oscuros de quienes afirman actuar en nuestro nombre.

Si los poderosos nos mienten, tenemos el derecho a saberlo. Si dicen una cosa en privado y otra en público, tenemos el derecho a saberlo. Si conspiran contra nosotros, como hicieron Bush, [Tony] Blair [y Aznar] sobre Irak, y luego pretenden ser demócratas, tenemos el derecho a saberlo.

Este propósito moral es una amenaza para la conspiración de los poderes que pretenden sumir en guerras a buena parte del mundo y desean enterrar vivo a Julian en los Estados Unidos fascistas de Trump.

Un informe de alto secreto del Departamento de Estado de 2008 describía al detalle cómo Estados Unidos debería combatir esta nueva amenaza moral. Una campaña de desprestigio personal (dirigida en secreto) contra Julian Assange conseguiría “publicidad negativa y llevarle a un enjuiciamiento criminal”.

El objetivo era silenciar y criminalizar a Wikileaks y a su fundador. Página tras página, el informe mostraba la guerra que se preparaba contra un solo ser humano, y contra los mismos principios de libertad de expresión, libertad de pensamiento y democracia.

La fuerza de combate imperial serían aquellos que se dicen periodistas: las grandes figuras de los llamados grandes medios, especialmente los “liberales” que marcan y patrullan los perímetros de la disidencia.

Y eso es lo que pasó. He sido periodista más de 50 años y nunca he visto una campaña de desprestigio de tal calado: el asesinato de la personalidad de un hombre que no quiso unirse al club, que creía que el periodismo está al servicio del público, nunca al servicio de los de arriba.

Assange avergonzó a sus perseguidores. Publicó una exclusiva tras otra. Sacó a la luz la fraudulencia de las guerras promovidas por los medios de comunicación y la naturaleza homicida de las guerras de EE.UU., la corrupción de los dictadores, la vileza de Guantánamo.

Nos obligó a los occidentales a mirar al espejo. Mostró que quienes pontifican la verdad oficial en los medios de comunicación son colaboracionistas; yo los llamaría periodistas de Vichy. Ninguno de esos impostores creyó a Assange cuando este avisó de que su vida estaba en peligro, que el escándalo sexual de Suecia era un montaje y que su destino final era el infierno de Estados Unidos. Y tenía razón, tenía razón una y otra vez.

El juicio de extradición que se celebra en Londres esta semana es el acto final de una campaña angloamericana para enterrar a Julian Assange. No es un proceso reglamentario, es una venganza programada. La acusación de EE.UU. está claramente amañada, es una farsa demostrable. Hasta ahora, las vistas han sido reminiscentes de sus equivalentes estalinistas en la Guerra Fría*.

En la actualidad, el país que nos dio la Carta Magna, Gran Bretaña, se distingue por haber abandonado su propia soberanía al permitir que una potencia extranjera maligna manipule la justicia y por la tortura psicológica despiadada a Julian –una forma de tortura que, según ha señalado el experto de Naciones Unidas Nils Melzer, fue perfeccionada por los nazis porque era más efectiva para derrumbar a sus víctimas.

Cada vez que he visitado a Assange en la prisión de Belmarsh he comprobado los efectos de dicha tortura. La última vez que le vi había perdido más de diez kilos de peso; sus brazos carecían de músculo. Era increíble que no hubiera perdido su excelente sentido del humor.

En cuanto a su país de origen, Australia, ha demostrado una vergonzosa cobardía. Su gobierno ha conspirado en secreto contra uno de sus propios ciudadanos que debería ser considerado héroe nacional. No por nada el presidente George Bush hijo nombró al primer ministro australiano su “ayudante de sheriff”.

Se dice que lo que pase con Julian Assange las próximas tres semanas, debilitará o destruirá la libertad de prensa en Occidente.¿Pero de qué prensa hablamos? ¿Del Guardian? ¿De la BBC? ¿Del New York Times? ¿Del Washington Post de Jeff Bezos? [¿De El País?; añadido del traductor].

No, claro que no. Los periodistas de estos medios pueden respirar tranquilos. Los Judas del Guardian que coquetearon con Julian**, explotaron su valioso trabajo, hicieron su agosto y luego le traicionaron no tienen nada que temer. Están a salvo porque les necesitan.

La libertad de prensa ahora está en manos de unas pocas personas honestas: las excepciones, los disidentes de internet que no pertenecen a ningún club, que ni son ricos ni están cargados de premios Pulitzer, pero hacen buen periodismo, desobediente, ético; personas como Julian Assange.

Ahora, nuestra responsabilidad es apoyar a un verdadero periodista cuyo auténtico coraje debería servirnos de inspiración a todos los que seguimos creyendo que la libertad de prensa es posible. Yo le aplaudo.

N.deT.:

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

* Se ha negado a Amnistía Internacional el derecho a asistir por videollamada como observadora.

**El Guardian fue uno de los diarios elegidos por Wikileaks para publicar sus documentos filtrados.

John Pilger es un periodista, escritor y documentalista antiimperialista australiano. Merecedor de múltiples premios y muy crítico con los grandes medios. Ha apoyado a Assange a lo largo de su reclusión. Se le puede seguir en su web www.johnpilger.com

Fuente: https://www.counterpunch.org/2020/09/07/the-stalinist-trial-of-julian-assange/

martes, 1 de septiembre de 2020

 

Felipe Calderón y Álvaro Uribe, los gentlemen de la guerra y la ruptura psicosocial

 


La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen para provecho de gentes que sí se conocen, pero no se masacran. Paul Valéry


Daniel Sixtos 

Entre los ex presidentes Felipe Calderón Hinojosa y Álvaro Uribe, de México y Colombia, respectivamente, cumplen ambos aspectos similares: el uso de la coerción social como medida de control y exponentes de las laceraciones más graves en el tejido psicosocial de muchas comunidades que vieron mermadas sus territorialidades por los desplazamientos forzados, desapariciones forzadas, delincuencia, asesinatos.1 Ambos, desde su muy distanciada, aunque cercana periferia por acuerdos económicos, representaban los sectores de podredumbre política, donde los graves daños de trauma psicosocial se verían representados por los individuos de las distintas comunidades afectadas.

En semanas pasadas se ha anunciado un proceso de aprehensión al ex presidente de Colombia Álvaro Uribe por investigaciones relacionadas con compras de votos, silencio por los atropellos cometidos durante el proceso denominado “Plan de Seguridad Democrática” que vivió Colombia durante la presidencia de Uribe, como medida al combate de la guerrilla, la delincuencia organizada, el narcotráfico…, pero que acumuló cientos, miles de muertos, así como desaparecidos y una polaridad en la percepción de los individuos sobre los efectos positivos o negativos de ese plan.2 Un país dividido por las formas, que se volvieron los fondos y a lo largo del tiempo, observamos la irrupción de un poder de contención en la generación y acumulación de riqueza de unos cuantos particulares, así como asesinatos de líderes comunitarios y excombatientes, todo, en un mapa de reordenamiento coercitivo político.3

Por otro lado, la guerra contra el narcotráfico, consolidada por el ex presidente de México, Felipe Calderón, fue la consigna de su campaña de elección presidencial, dado que en las encuestas figuraba con una enorme desventaja en relación al contendiente de la izquierda en aquel entonces, Andrés Manuel López Obrador y, cuyos resultados conocidos por unos y por otros, pronosticaba lo que ya se sabía: el triunfo de Calderón por supuestos hechos de corrupción en su campaña y un discurso de combatir la inseguridad, lo que le generó muchos adeptos dadas las condiciones sociohistóricas del país. Sin lugar a dudas, a pesar del imaginario colectivo que se presumía sobre el grave error de declarar una guerra confrontativamente directa contra el narco, nunca nos imaginamos que esto se desarrollaría con una brutalidad sin precedentes; en ella, la sociedad mexicana aprendió a elogiar la locura y naturalizar su proceso, de tal suerte, que las sorpresas de descuartizados, “encostalados”, asesinatos, desaparecidos, se volvieron en una realidad que pocos o, casi nadie, quiso, ni se atrevió a cuestionar y cuando se realizaba, existía una tendencia a revictimizar a las víctimas en todo proceso judicial4, práctica aprendida desde Colombia por el aprendizaje directo de “los falsos positivos”. El horror con que se desprendió esa guerra fue de tal magnitud, que el número de muertos y desaparecidos dan idea de la ruptura del tejido social y el abismo en que se adentró. Más de 174 mil asesinatos y aproximadamente entre 30 y 50 mil desaparecidos, aunque los números, al paso de los días, podrían referir estadísticas más trágicas.5 Los cientos, miles de desapariciones han sido documentados y el Estado en su actuación de investigador, reparador (aunque no se sabe de qué ni de cómo) y  repartidor de justicia, ha quedado sobrepasado: de hecho, en la administración de Felipe Calderón, las desapariciones forzadas dirigidas a población de clase trabajadora aumentaron, al igual que asesinatos a líderes comunales y líderes de movimientos de resistencia. Situación similar en todas sus aristas influenciadas, además, por un Plan Mérida, donde la opinión de Álvaro Uribe, jugó un papel fundamental para que Calderón llevara a cabo una guerra sobre intereses económicos con nulidad de reparo psicosocial por las consecuencias de muerte y destrucción.6 Dado los acontecimientos descritos anteriormente, resulta muy puntual visualizar algunos puntos que comparten en ese escenario de impunidad y daño psicosocial tanto la administración de Calderón como de Uribe. No significa que sean necesariamente los más importantes o los únicos en la lista de situaciones pendientes referente al daño psicosocial, sólo esbozan particularidades que, para mi entender, resultan de relevancia al momento de establecer un juicio contra ex presidentes y temáticas que convergen en la ruptura del sentido comunitario:

1) Desplazamiento forzado: En medio del horror de la guerra, aparecía un problema complicado, disruptivo en las interrelaciones sociales y que generaría la movilización de grupos comunitarios: el desplazamiento de decenas de comunidades de sus territorialidades a partir de las cuales el sentido de comunalidad, de identidad, donde se pierde la relación con el territorio y su relación directa de experiencia de vivir,7 se vio trastocado por el enorme avance de la delincuencia organizada y la ocupación de terceros con el fin de expandir su dominio y hegemonización respecto a otros grupos rivales de delincuencia. En Colombia, el desplazamiento llevó al asesinato de personales, líderes comunitarios y decenas de personas de una comunidad sin que hasta ahora exista una investigación real, mucho menos justicia para las comunidades afectadas en ese momento. Las transfiguraciones de una guerra civil de más de 50 años manifiestan el realce de una estrategia de afrontamiento mediante la cual la polarización de la sociedad colombiana fue uno de tantos estragos de una apuesta por el afrontamiento directo como medida de protección de intereses trasnacionales, pero no como la reparación de un tejido de identidad social que hoy se ha visto fracturado en diferentes comunidades de Colombia. Bajo la bandera de países democráticos, actos de guerra fueron presentados como soluciones de anteriores administraciones y sus fracasos visibles por el simple hecho de observar un problema desde la centralización de complicaciones administrativas y no, de un problema de territorialidades donde la tierra tiene una representación fundamental en la cosmovisión de los pueblos, un tercer sujeto8 del cual, el simbolismo recuerda el pasado directo en sus raíces, con aquello que construyeron y generó diversidades de memorias colectivas fortaleciendo los lazos comunales y el sentido de comunidad que durante cientos de años permeó en cada uno de los pueblos. Ese desarraigo genera diferentes problemas psicosociales tan fuertes que son representados o percibidos como la pérdida de un mundo o de la vida.9

2) Asesinatos y desapariciones: Este ha sido un fenómeno con graves consecuencias psicosociales colectivas e individuales. En ese sentido, hemos visto como herramientas tanto en Colombia como en México, el uso de la desaparición forzada como un arma elemental de contención y coerción, es decir, como un elemento de represión contra la disidencia política armada y no armada (Cerezo, 2018). Bajo esa característica, la aparición del narcotráfico en la escena pública y su combate se genera como mecanismo de control y legalización del establecimiento del orden por parte del Estado, ocupándose para ello de la desaparición de garantías individuales y la violación de derechos humanos. En la guerra contra el narcotráfico, así como en la apuesta por una Ley de Seguridad Democrática como la desarrollada en Colombia, el fin último justifica la protección de intereses personales económicos en una esfera sombríamente injustificada de que la vida sobre sí misma se determina a través de procesos económicos más no de intereses de un existir, de un ser en tanto que ser. Y esta situación termina por borrar la episteme de las personas y de los pueblos, convirtiendo estos procesos en factores secundarios “lamentables” de bajas o como falsos positivos sobre una guerra que no afronta 1) los problemas psicosociales de las comunidades y 2) se diluye la conceptualización de violencia, orden y negocios bajo una premisa de creencias racionales sobre lo que “debe de” ser y no lo que “se desearía” que fuera. ¿Cuál sería el objeto concreto sobre estas situaciones? La fragmentación social, la ruptura del tejido comunitario como una apuesta de medidas de contención social para evitar los recuerdos vividos10 o la construcción de una memoria histórica capaz de aglutinar a un movimiento específico que termine por concretar una fuerza de contención contra esa tendencia coercitiva. De la misma manera, la creación y aparición del paramilitarismo reforzó la idea que más arriba en este texto se pronunciaba: el desplazamiento de zonas geográficas fundamentalmente como medidas estratégicas. Los retenes que terminaban por influir en la desaparición forzada, dan cuenta del uso comercial de la vida, donde en algunos casos reportados, fueron sustraídos de vehículos o de domicilios para trabajar en los campos y dedicarse a la recolección forzada de uno u otro cultivo. La fuerza de motivación tangible en esa sociedad radica en su capacidad de producción y los asesinatos un número menor de rivalidades y demostración del espectáculo que se es capaz de realizar ante la menor provocación, además de fortalecer los procesos de impunidad y servir como tema electoral, muy en contraste con los procesos de pacificación.11

Estos dos temas sociales descritos de forma muy reducida permiten dar una continuidad a la idea del análisis de este escrito: entre ambos, señores de la guerra, comparten, además de una similitud de planteamiento en la “pacificación” del país, la guerra. Pero también, en el desgaste social que esto implicó y el grave resultado psicosocial que tuvo como consecuencia para un grueso de la población.

Apegándose a la idea de Martín-Baró y el trauma psicosocial, podemos aventurar que los hechos sociales e históricos permiten una interpretación de elementos simbólicos por medio de los cuales abrimos una idea de lo que ha sucedido y esclarecer ese pasado, desarrollado sobre los procesos de dominación y exterminio social.12 Los proyectos de militarización en ambos países generaron medidas de represión que podrían visualizarse por medio de los efectos psicosociales como el miedo basado en sobregeneralización de hechos inmediatos, la catastrofización sobre el futuro inmediato, la rumiación cognitiva sobre los sucesos que han sucedido a lo largo del tiempo, donde en muchos casos, aumento de ansiedad, cuadros depresivos, anergia, anhedonia, dificultad para concentrarse, ideaciones suicidas (García, 2019) fueron los resultados de la maquinaria de guerra que dejarían secuelas en las vida de muchas personas, en muchas de ellas irreparables en un plano cognitivo. Pero hay más: los hechos no son exclusivamente clínicamente comprobables sino, al mismo tiempo, y como efectos psicosociales de la violencia, una difuminación del sentido de identidad en las poblaciones, donde los principios de comunalidad fueron pisoteados y barridos en un intento visible de desaparición de las cosmovisiones, de las formas de quehacer comunitario con el objetivo de la expropiación de tierras, la superioridad entre comunidades y subgrupos y la menguación y descodificación de las población sometidas bajo principios de relaciones de poder. Un sentido de pertenencia que se perdía en tanto los desplazamientos dejaban de lado las memorias históricas que se habían construido en la pertenencia de la tierra, de los brazos orientadores de la formación de vida, del aprendizaje de tradiciones y procesos culturales que refrescaban la memoria de tanto en tanto en el devenir como pueblos indígenas y originarios, poblaciones que han sufrido los estragos más dolorosos de la guerra. Ese mismo sentido de identidad que ha tenido que contar de elementos como la pobreza, el olvido, la revictimización por parte de las autoridades, el silencio de los medios de comunicación y los grandes intentos de un epistemicidio conjurado para no hablar “con” sino un “desde el fondo y al olvido”, situación que genera una tensión social al no tener abiertos los canales de comunicación, mucho menos los baluartes bajo los cuales se pueda proceder para un proceso de reparación, paz y justicia. Justamente porque el lenguaje que utilizan los procesos del Estado responden a una instancia centralidad con visiones empresariales destinadas al “fortalecimiento de la vida económica de una región”, tienden casi en automático a ignorar, o no comprender las relaciones psicosociales en comunidades étnicamente diferenciadas, con un gran dilema epistémico sobre comunidad o comunalidad13, variando dependiente del punto de vista institucional donde se arraiga el poder que ejerce una opresión sobre las condiciones psicosociales de cada región en particular.  De tal suerte que, termina  por establecer puentes de ruptura comunitaria al involucrarse en los padecimientos de la individualización capitalista como la drogadicción, alcoholismo, violencia, (García 2019) como formas de expresión cognitiva sobre un trauma psicosocial que no percibe en sus esquemas cognitivos la racionalidad coherente de un entramado de irracionalidades que, para sobrevivir se tiene que abandonar la tierra con la cual existe una conexión arraigada o, la búsqueda de un familiar con el objetivo de reestablecer la conexión afectiva y corpórea con el ser que ha sido arrebatado por la “inoperancia” del aparato de justicia del Estado, sin importar el peligro que represente para sí mismo, la familia y la modificación obligada de los patrones familiares y merma de la salud biopsicosocial de las personas.

¿Cómo no sería fundamental el arresto en estos momentos de Álvaro Uribe, cuando pudo apreciarse en el marco de la época denominada “uribismo” intentos siempre extraordinariamente efectivos de distraer la opinión pública para quitar la carga de importancia colectiva de un acuerdo de pacificación con la FARC y el gobierno de Colombia, por una situación económica a través del Programa Seguridad Democrática que conllevó a vaivenes materiales tanto para instituciones privadas como al propio Uribe? Porque justamente el caso involucra a miles de personas involucradas de forma directa e indirectamente, se vuelve esencial al momento de hablar de reparación, justicia y paz, con leyes establecidas que permitan la no repetición de estos actos de laceración social. Ahí, bajo el acompañamiento judicial, la importancia de los procesos de identidad comunitaria y el gran daño que estableció en cientos de comunidades por la protección de intereses económicos nacionales e internacionales privados. ¿Acaso no se trató de borrar de los esquemas cognitivos los procesos de resistencia comunitaria diluyendo en sí el golpe del trauma psicosocial y la ahistoricidad de los individuos que fueron directamente perjudicados por esta situación? ¿La reparación de las familias también determina un proceso de acompañamiento psicosocial, donde el acceso a la verdad, la justicia permita dilucidar el entramado de complicidad de los representantes del ejecutivo, militares, empresarios y una larga cadena de responsables que hoy, en un proceso de dominación, entablan un diálogo de poder desde su identidad y comunidad específica por los procesos de blanquitud y hegemonización de clase social?

Estos conglomerados dan idea de una ruptura por medio de las sociedades postindustriales y su conformidad bajo los aditamentos que se confieren sobre sí misma y la problematización que se tiene al momento de hablar de un avance hacia el progreso, donde las herramientas, versan con una visión hegemónica tanto cultural como de políticas que terminan por defenestrar los avances y logros de esas resistencias comunitarias. Subjetividades que se diluyen al paso del tiempo y son deslegitimadas por la idea de una individualización y el consumo como su medida de estandarización social consumada. Los objetos que transforman las relaciones en idea de moda, a través del consumo, de la especificidad del objeto en la vida del sujeto y su formulación en un acción social como consecuencia directa del racionamiento racional que determina la vida cotidiana de una sociedad, donde la subjetividad se ve reducida a una propuesta pasiva y no necesariamente implementada de respuesta ante las contradicciones del marco conceptual capitalista y menos como una herramienta de satisfacción del sujeto como un acto social donde la otredad renueva el acto de pertenecer, identificarse como parte de un contexto donde el individuo deja de pasar como un simple engranaje del mecanismo económico y recupera una objetividad que le permite disentir y expresar un desacuerdo sobre los moralismos en turno. En ese sentido cabría recordar la idea de un médium is message14 y, dado que el mensaje no oculta la función real del medio, bien podríamos decir que ambos expresidentes tienen una responsabilidad mucho más allá de la transición de ideas sociopolíticas-económicas que atravesaron en sus contextos históricos,  en cuanto sí el resquebrajamiento de una identidad comunitaria que sirvió como sacrificio de los intereses electorales en momentos de tensión política, de los cuales era consecuentemente un resultado de armar discursos que carecían de elementos de transformación social y solo de prebendas o transición de imágenes que, sin decir nada, creaba todo un espectáculo y la oportunidad de trascender y crear un nuevo país…

Visto desde esa interrogante de suposiciones sobre lo que ocurrirá, la colusión del Estado en el crimen organizado y la apertura ante las herramientas digitales de comunicación, determinan que esa vida social sigue teniendo una superposición de ideas, proyectos, sueños vendidos por aquellos en cuyo presencia, hoy, recae miles de denuncias; aunque su formación sigue siendo la venta de mercancías totales en el espacio social donde la presencia de libertad, justicia, pacificación son palabras mercadológicamente tentadoras y por ello, con costos económicos (y sobretodo sociales) muy altos15. En esa interrogante aparece la idea de un fin de lo social, hacia raíces de una afluencia donde inhiben los derechos y no existen garantías del ejercicio de su libertad y justicia para esa cosmovisión que se vio afectada por los intereses particulares y, en lo epistemológico, cambiar al sujeto humano, en un objeto del consumo, destinado hacia un espectáculo. Tratando así a un sujeto moldeable de acuerdo a  intereses particulares y privados donde la existencia del individuo responda a las condiciones mecánicamente impuestas por una fracción empresarialmente fuerte y de visión individualista respecto al avance de la fragmentación de micro sociedades unilateralmente pensantes bajo una misma conceptualización: la producción de mercancías, el enriquecimiento y la coerción social sobre todo aquello que se interponga en asuntos económicos por ideas absurdas como el sentido de lo comunitario. Bajo esas condiciones el quehacer del individuos, su transformación de lo individual al actor social y su problematización referente a lo comunitario, radica en la interrogante constante del desintereses de ese marco social sacralizado, económicamente ponderante y más que una preocupación, sobretodo, una ocupación alrededor de sus propios derechos, su libertad, su justicia16 y su camino trazado, en el ejemplo de colectivos de madres, familias en búsqueda de sus seres queridos, de la recuperación de sus territorialidades, de la justicia en la toma de conciencia de un sujeto humano que trataron, bajo todos los medios de silenciar y, en el mejor de los casos, olvidar entre cientos, miles de coerciones.

El gran desafío que tienen las instituciones del Estado mexicano y colombiano versa sobre la aplicación de un enjuiciamiento hacia los expresidentes de Nuestra América, quienes históricamente siempre han salido limpios y fuera de toda investigación judicial. El proceso de “limpieza” sobre la corrupción que está realizando el presidente López Obrador en las antiguas administraciones que le antecedieron, tienen la oportunidad de marcar un antecedente en la política mexicana y levantar una investigación sobre las muertes extrajudiciales, los casos de desaparición forzada y enriquecimiento ilícito de los colaboradores de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto (aunque este último parece una pieza ya arreglada desde antes), que podrían llevar a un juicio, por primera vez en la historia a un presidente de México, respaldado por el gobierno de Estados Unidos (en tanto que Trump sea renovado en el cargo). En el caso de Uribe, se debe de seguir todas las informaciones, las documentaciones sobre espionaje y asesinato de testigo importante en la relación directa del paramilitarismo-uribismo-asesinatos de cientos de defensores comunales. Colombia puede tener un presente también histórico si la Corte colombiana se rige por principios de honestidad, justicia, reparación y castigo a los verdaderos culpables. En lo referente, los procesos con manuales de investigación presentes a las búsquedas, la resolución de casos, sus esclarecimientos, así como leyes que protejan a las familias y permita una articulación interdisciplinaria, permitirá el encuentro de justicia, reparación, castigo y la no repetición de actos violentos que laceren a las comunidades y familias como lo han hecho los gentlemen de la guerra, dirigidos por el entramado geopolítico de Estados Unidos, bajo el principio de democracia y libertad, cuento que hace tiempo es la gran tragicomedia de la realidades de Nuestra América.

Fuente: Rebelión.org

REFERENCIAS

1. Martín, J. (21 de febrero de 2015). Álvaro Uribe es el alfil de Estados Unidos en la contraofensiva de la extrema derecha en América Latina. Rebelión.org. https://rebelion.org/alvaro-uribe-es-el-alfil-de-estados-unidos-en-la-contraofensiva-de-la-extrema-derecha-en-america-latina/

2. Restrepo, F. (05 de agosto de 2020). Álvaro Uribe: la caída de un intocable. Washington Post https://www.washingtonpost.com/es/post-opinion/2020/08/05/alvaro-uribe-la-caida-de-un-intocable/

3. Turkewitz, J. (07 de agosto de 2020). La detención de Álvaro Uribe profundiza las divisiones de Colombia. New York Times https://www.nytimes.com/es/2020/08/07/espanol/america-latina/alvaro-uribe-colombia.html

4. Cerezo, H. (Coord.). (2018). VIVOS LOS QUEREMOS: Claves para entender la desaparición forzada en México. Editorial Viandante.

5. El País. (s.f.). Especial: Año 11 de la guerra contra el narco. Recuperado el 25 de agosto de 2020. https://elpais.com/especiales/2016/guerra-narcotrafico-mexico

6. López y Rivas, G. (29 de mayo de 2009). Las complicidades de Álvaro Uribe y Felipe Calderón. La Jornada  https://www.jornada.com.mx/2009/05/29/opinion/024a1pol

7. Mota, G. y Ocampo M. (2016). El trinomio de la marginalidad: migración forzada, desarraigo y ciudadanía inconclusa. Del campo a la periferia urbana. En K. Herazo y M. Javiedes (Coords.), Desafíos para la psicología social comunitaria. Reflexión, acción e investigación de un primer encuentro (págs. 153-170). UNAM, Facultad de Psicología.

8. Maestría en Psicología Comunitaria ECSAH (27 de mayo de 2020). Reflexión y acción comunal frente a la pandemia Dra. Katherine Herazo González [Video]. Youtube. https://youtu.be/SzdM15O7aKw

9. García, P. (2019). Intervención con migrantes forzados y con su comunidad de origen. Una propuesta de taller para su incorporación psicosocial. En K. Herazo y B. Moreno (Comps.), Investigación-Intervención en Psicología Social Comunitaria (págs. 153-168). UNAM, Facultad de Psicología.

10. Mendoza, N (2012). “Pudimos crecer con esto. Pudimos transformar el dolor en lucha”. Transmisión de memorias sobre el pasado reciente en H.I.J.O.S. Argentina. En Y. Mancillas y R. Reyes (Coords.), Violencia, desaparición forzada y migraciones en Nuestra América (págs. 27-59). Ediciones Eón.

11. Hincapié, S. (2015). Conflicto Social, reformas estatales y crimen organizado: México y Colombia, 1982-2012. En K. Ansolabehere, S. Serrano y L. Vázquez (Coords.), Los derechos humanos y la violencia: Estado, instituciones y sociedad civil (págs. 3-44). FLACSO.

12. Madariaga, C. (2002). Trauma Psicosocial, Trastorno de Estrés Postraumático y Tortura. CINTRAS.

13. Herazo, K. (2018). Crítica a la Psicosocial Social Comunitaria: Reflexión epistémica con la inclusión de los pueblos originarios. UNAM, Facultad de Psicología.

14. Baudrillard, J. (2018). La sociedad del consumo. Sus mitos, sus estructuras (2ª ed.). Siglo XXI

15. Debord, G. (1967). La Sociedad del espectáculo. GEGNER.


viernes, 21 de agosto de 2020

 

MORENA en peligro

 

Aldo Fabián Hernández Solís

La crisis en MORENA parece no tener fin ni remedio. El partido que llevó a AMLO a la presidencia es hoy un lastre para la 4T. Enfrascado en conflictos internos, el partido no asume ningún papel ideológico, de movilización o de organización popular. Hoy más que nunca está muy lejos de ser “un instrumento del pueblo de México”.

Las disputas sin tregua entre grupos y liderazgos tiene como centro de conflicto el control del aparata rumbo a las elecciones del 2021 y 2024. Las elecciones no son espacio para definir proyecto, agendas y movilizar consciencias, son fundamentalmente oportunidades para ocupar cargos y espacios de poder.

Los oportunistas a los que se les invitó a ser candidatos en 2018 hoy son un grupo importante dentro de MORENA, políticos tradicionales formados en la corrupción política. El clientelismo y el grupismo que siempre ha estado presente en MORENA han echado raíces con el tiempo. Con ello se ha desdibujado ideológicamente el partido. Los documentos ideológicos de MORENA se encuentran como piezas de museo que se empolvan.

La vida política del partido se ha vaciado de contenido, hoy la disputa es entre personajes que compiten por la dirección del partido. No se discute nada, no se hacen proyectos, no se impulsan agendas políticas, solamente se pelea por el poder, como cualquier partido electorero.

Los militantes de base mientras son espectadores, asistentes a cursos de formación política o simpatizantes de algún liderazgo, pero su incidencia partidista es nula. El partido es un cascaron que no decide nada, que no construye su agenda legislativa, ni proyectos de gobierno, vaya ni candidatos y tristemente ahora ni a su dirigencia. Hay una incapacidad total del partido, una inoperancia que raya en traición.

La autocrítica en este momento es fundamental para revertir la debacle partidista, reconocer que no se ha hecho lo suficiente, que se ha fallado. La salida fácil es acusar a un grupo o liderazgo de traición, pero eso no resuelve nada. El problema es más profundo, es de cultura política, de construcción institucional y de relaciones de poder dentro de MORENA. El partido está en peligro de destruirse como alternativa e instrumento de lucha del pueblo, convirtiéndose en un partido electorero que gane elecciones por el arrastre de AMLO, pero que no ayude a trasformar la realidad social. Rescatar a MORENA es el gran reto de sus mejores militantes, pasa por rebelarse de los liderazgos partidistas que hoy tienen al partido en crisis. Una tarea urgente que se tiene que hacer a la par de la defensa del proyecto y proceso de transformación de la 4T, atacado por la derecha y grupos de interés cuya meta es la restauración neoliberal.

Fuente: Rebelión.org

viernes, 5 de junio de 2020


Frente Nacional Anti-Amlo (FRENAAA): dieciocho ideas para comprender su irrupción y su estrategia

David Pavón-Cuéllar 
El pasado 30 de mayo, en diversos lugares de México, se realizaron caravanas de automóviles para protestar contra el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.
La protesta fue convocada y coordinada por el Frente Nacional Anti-Amlo (FRENAAA). Tanto la irrupción de este nuevo frente como su inédita estrategia resultan incomprensibles si no consideramos lo siguiente:
1. Fueron muy pocos manifestantes movilizados, entre decenas y centenares en cada ciudad, apenas algunos miles en todo el país. Nos parecen más de los que fueron porque llamaron la atención con su apariencia y su estrategia, porque dispusieron sospechosamente de una desproporcionada cobertura mediática y porque un automóvil no sólo ocupa el espacio de al menos diez personas a pie, sino que tiene un movimiento rápido que le permite provocar la ilusión de multiplicarse y estar en varios lugares a la vez. Todo esto ha contribuido a que imaginemos que hubo una gran movilización, cuando en realidad cualquier pequeña protesta nacional e incluso estatal o local tiene una mayor convocatoria. Un contingente de cualquier manifestación de la CNTE en Morelia, por ejemplo, cuenta con más personas que la suma de todas las caravanas del FRENAAA. El mismo frente, según su propio testimonio, cuenta con menos de setenta miembros activos.
2. La debilidad numérica de los miembros del FRENAAA y de aquellos a quienes convoca no debe hacer que subestimemos ni su poder ni su importancia. La capacidad que han tenido para parecer más de los que son es la misma que tendrán para lograr sus propósitos. Esta capacidad no estriba en lo que son por sí mismos, sino en lo que parecen, en su apariencia, la cual, a su vez, radica en lo que poseen, como sus grandes automóviles, su influencia en los medios y en general su poder económico. Tienen mucho por lo que debemos tomarlos en serio. Debemos preocuparnos por ellos, aunque sean pocos, porque de algún modo son tanto como lo que tienen. Este ser es aparente porque no lo son, porque solamente lo tienen, pero es real porque el tener se confunde con el ser en una sociedad capitalista como la nuestra.
3. Nuestra sociedad nos confunde con lo que poseemos. La posesión de un vehículo, por ejemplo, es la que le permite a un manifestante del FRENAAA ocupar más espacio, moverse a gran velocidad por diferentes lugares y así multiplicarse y ser más que lo que realmente es. El mismo ser puede expandirse con una difusión mediática desproporcionada que también depende claramente de lo que se tiene, como la influencia o los contactos en los medios, influencia y contactos que se obtienen a su vez del poder económico.
4. La posesión de riqueza, el tener dinero, es la más importante de las posesiones y de la que suelen depender, en última instancia, las apariencias de ser más de lo que se es. Un rico es más, pesa más, cuenta más y detenta mayor poder que muchos mexicanos porque tiene más que ellos, más riqueza material que ellos. Es por esta posesión económica por la que debemos tomar en serio al FRENAAA, compuesto precisamente de personas pudientes que pueden ser mucho más de lo que son. El inspirador y dirigente del FRENAAA, el accionista de Soriana Pedro Luis Martín Bringas, pertenece a una familia con una fortuna de 3,200 millones de dólares (aproximadamente 70,000 millones de pesos). Tener esto permite ser millones al ocupar su espacio callejero y mediático, al comprarlos y cooptarlos, al contratarlos como publicistas o como bots, al desdoblarse en ellos gracias a telenovelas, publicidades, noticias distorsionadas, opiniones tendenciosas y otros onerosos medios ideológicos de subjetivación y no sólo de persuasión y manipulación.
5. Cuando aseguran que son millones, los participantes en el FRENAAA están mintiendo, pero también están revelando su verdad, la de ser los millones en los que pueden multiplicarse gracias a su poder económico. Este poder económico de los de FRENAAA es el que les permite menospreciar los treinta millones de votantes de López Obrador. Es el mismo poder que anteriormente se multiplicaba por decenas de millones de votos directamente comprados con despensas, televisiones, tarjetas de Soriana o dinero en efectivo, pero también indirectamente adquiridos a través de la posesión de los medios y de la compra de los periodistas y de los gobernantes o sus funcionarios. Es el mismo poder con el que gobernaron Peña Nieto, Calderón y los anteriores, el mismo que le robó las últimas elecciones a López Obrador, el mismo que usurpó la soberanía de nuestro demos, impidiendo así que hubiera democracia en México durante varias décadas.
6. El poder económico del FRENAAA es el que pervirtió al régimen democrático mexicano hasta convertirlo, desde los tiempos de Miguel Alemán, en un gobierno plutocrático, de los ricos y para los ricos, del dinero y para el dinero, a costa de la inmensa mayoría de la población reducida a fuerza barata de trabajo. Tiene razón quien grita enfurecido que esta fuerza es la que mueve a México. Esta fuerza de los obreros, campesinos y demás trabajadores es la que siempre ha movido a México, pero es también la que siempre ha sido explotada y así transmutada en el poder económico de aquellos, ahora bien representados por el FRENAAA, que son los que siempre han decidido hacia dónde se mueve México.7. Es comprensible que los ricos empresarios del FRENAAA piensen que son quienes mueven al país. Hasta podríamos asentir y conceder que sí, que de algún modo son quienes mueven a México, pero que lo hacen con la fuerza de los trabajadores, con la riqueza producida por aquellos a quienes explotan. Es con esta riqueza expoliada, convertida en el poder económico de quienes la roban, con la que nuestros grandes empresarios han movido a México a su modo al corromper a los políticos (Walmart y Grupo Higa), retrasar la democratización del país (Monex y Soriana), intoxicar y enfermar los cuerpos de la mayor parte de la población (FEMSA y Bimbo que ahora naturalmente se alían contra el etiquetado en alimentos), degradar sus mentes y su inteligencia (Televisa o Televisión Azteca), devastar el territorio nacional (Grupo México) y propiciar la violencia del crimen organizado al nutrirlo y lavar su dinero (Televisa HSBC).8. Es con la misma riqueza robada con la que muchos de los participantes en el FRENAAA (ciertamente no todos) pudieron comprar los automóviles y los otros medios con los que se multiplican y se expanden. Hay que entender bien que lo que estos empresarios tienen, lo que les permite ser más que lo que son, es lo que han robado a quienes explotan con salarios de hambre y con algunas de las tasas de plusvalía más altas del mundo. El nivel de explotación en México es tal que basta para explicar esos éxitos del empresariado mexicano de los que tanto se ufanan los miembros del FRENAAA.
9. El FRENAAA es un frente de choque de los grandes empresarios de México, los cuales, como los de cualquier país en el que prima el privilegio, destacan por su mediocridad. Las inmensas fortunas de México no han sido producto generalmente ni de ideas geniales ni de grandes esfuerzos o sacrificios, sino de las familias en las que se nace, las herencias que se reciben, los contactos con los que se cuenta, el favoritismo que prima en el seno de la oligarquía, los sobornos que se reparten, los impuestos que se evaden, los sucios abogados infalibles que trabajan para uno, las relaciones deshonestas que se establecen con el régimen corrupto en turno, la falta de escrúpulos en la actividad empresarial y principalmente la explotación atroz de la fuerza de trabajo. Los trabajadores producen una riqueza enorme que la sociedad mexicana pierde cotidianamente porque los empresarios la despilfarran en sus onerosos viajes al extranjero, la dilapidan en sus demás lujos desmedidos, la usan para corromper a políticos, la administran mal y la transfieren a cuentas e inversiones en Estados Unidos, en Suiza, en la tierra de sus padres o abuelos españoles o en algún paraíso fiscal.
10. La oligarquía mexicana, quizás derrochadora entre amigos y familiares, es extremadamente mezquina con el resto de la sociedad, como lo muestra no sólo su ruin explotación de los trabajadores, sino también su impulso irresistible a evadir impuestos. Este impulso es quizás uno de los factores decisivos que han dado lugar al FRENAAA. El frente de los grandes evasores quiere a un presidente que los exonere de sus obligaciones fiscales, que les perdone sus impuestos, que les permita robarle así a la sociedad mexicana toda la riqueza que ella misma produce.11. Lo que está en juego es tan importante que el FRENAAA está recurriendo a “medios legales” para obligar a López Obrador a separarse de la presidencia y poner en su lugar a un incondicional, como lo eran Calderón y Peña Nieto, que les ayude a no ceder ni siquiera una parte de su botín. Existe un alto riesgo de que veamos operar muy pronto en México esa maquinaria jurídica golpista que ya se puso en operación en el desafuero de 2004-2005 y que luego las oligarquías latinoamericanas han utilizado exitosamente en Honduras, Paraguay y Brasil. El FRENAAA está pensando incluso en estrategias más radicales. Uno de sus líderes, Pedro Ferriz Hijar, ha consultado a sus seguidores si apoyarían un golpe de estado en México. Otro de los dirigentes más visibles de FRENAAA, el exdirector de FEMSA Gilberto Lozano González, ha sido aún más explícito al pedir a los altos mandos de las Fuerzas Armadas que se decidan entre los mexicanos y López Obrador, es decir, entre la oligarquía de la que él forma parte y el gobernante que ganó democráticamente las últimas elecciones. Escuchar a Lozano es como escuchar a quienes prepararon y orquestaron los golpes que ensangrentaron las tierras sudamericanas en el pasado. Los mismos sectores pudientes que apoyaron las dictaduras militares de ayer son los que ahora, en cada país latinoamericano, hacen todo lo posible para destruir los regímenes democráticos en los que se ha intentado que prime al fin un estado de derecho en América Latina. La democracia y el derecho son lógicamente incompatibles con la oligarquía fundada en el privilegio.12. El FRENAAA puede llegar al extremo de alucinar una orientación comunista en el actual régimen porque la democracia y el derecho fueron siempre vistos como “comunismo” por los sectores oligárquicos latinoamericanos. Lo que el FRENAAA llama “comunismo” es cumplir con obligaciones como las tributarias, carecer de privilegios, ejercer los mismos derechos que la gente de la calle, tener un voto que valga tanto como el de ellos, ser iguales que ellos y no ser más que ellos únicamente por tener más que ellos (por tener más dinero, por ocupar más espacio con un automóvil de lujo o por tener mayor presencia e influencia en los medios). La más tímida justicia democrática es comunismo para las oligarquías latinoamericanas.
13. Al considerar el anticomunismo del FRENAAA, debemos recordar a los escuadrones de la muerte que se hicieron llamar “anticomunistas” para justificar sus acciones de aniquilación contra los pueblos centroamericanos que luchaban por la democracia. Los sectores pudientes que pagaron a esos sicarios son los mismos que ahora constituyen el FRENAAA. Si estos sectores europeizados y blanqueados aplicaran al resto del mundo el mismo criterio que utilizan para Latinoamérica, entonces deberían descubrir el comunismo en la mayor parte de los países democráticos europeos y blancos por los que suspiran, pero lo que les interesa de esos países no son las instituciones democráticas, sino tan sólo el perfume y la moda.
14. Lo que más quisiéramos los comunistas es que el régimen de López Obrador fuera comunista, pero no somos tan políticamente iletrados como para imaginar que lo es o que puede llegar a serlo. En esto es claro que la gente del FRENAAA está en un craso error. Sin embargo, a través de su mismo error, vislumbra sin querer una profunda verdad, que es la afinidad esencial entre la democracia y el comunismo. Si los del FRENAAA pueden alucinar comunismo en la democracia, es quizás porque adivinan que el único sistema plenamente democrático es el totalmente igualitario por el que luchamos los comunistas, pero esto se encuentra demasiado lejos de lo que tenemos o podemos tener con López Obrador.
15. El anticomunismo del FRENAAA es un rasgo característico de la ideología de extrema derecha. Debemos entender bien que el FRENAAA es un grupo ultraderechista. Lo es no sólo por su estrategia golpista, su intolerancia estridente y su actitud antidemocrática, sino por las filiaciones políticas de sus miembros. Muchos de ellos provienen de la facción ultraconservadora del PAN y de grupos antiabortistas como ProVida. Uno de sus líderes es Juan Bosco Abascal, abiertamente racista y antisemita como sus hermanos y como su padre, el dirigente sinarquista Salvador Abascal Infante, quizás el más famoso filo-nazi mexicano y uno de los principales referentes de la extrema derecha en el país. Además de sus declaraciones homofóbicas y de adhesión a Trump, Juan Bosco Abascal ha revalorizado a Hernán Cortés como libertador de los indios y ha descrito la revolución mexicana como una conspiración masónica. Estas formas de conspiracionismo delirante y de revisionismo histórico son también características de la ultraderecha.
16. No debemos olvidar que el FRENAAA forma parte de la ensangrentada trinchera ultraderechista que siempre ha luchado por la desigualdad. Es la misma trinchera de los escuadrones de la muerte de América Latina, los paramilitares colombianos, las más violentas dictaduras sudamericanas, el nazismo y el fascismo, Hitler y Mussolini, Franco y el franquismo, el holocausto y otros genocidios. Para quienes piensen que México no es fecundo para estas atrocidades, hay que recordar a los halcones y grupos de porros anticomunistas, a los integrantes del MURO (con su evocación metafórica tan similar a la de FRENAAA), a quienes asesinaron a centenares de chinos (300 en Torreón, 200 en Chihuahua y 600 en Monterrey) o los dejaron morir de hambre en un campo de exterminio en la Isla María Magdalena (1700 muertes),  y a esos camisas doradas que se inspiraban de los camisas pardas nazis y que protestaban a caballo contra el supuesto comunismo de Lázaro Cárdenas (tal como sus nietos del FRENAAA protestan ahora en automóviles contra el supuesto comunismo de López Obrador). La historia se repite. Esperemos que lo haga como farsa y no como tragedia. Para evitar un desenlace trágico, tal vez ya vaya siendo tiempo de organizar acciones antifascistas en México.
17. El discurso de Juan Bosco Abascal es de odio y desprecio hacia la “mayoría” de los mexicanos, a quienes describe como “analfabestias” o “chusma con infracultura”, y hacia el actual régimen descrito como “el malo” y como la “oclocracia” o el “gobierno de la chusma”. Otros líderes de FRENAAA mantienen discursos aún más violentos y maniqueos en los que no se deja de ofrecer una imagen de la sociedad mexicana escindida entre bandos contrarios. Lo desconcertante es que el mismo FRENAAA insista en que es el actual régimen el que ha dividido a la sociedad mexicana.
18. Resulta evidente que la división tan sólo ha sido visibilizada por el actual régimen, pero que ya existía desde antes. La división de la que se trata no es entre quienes atacan y quienes defienden a López Obrador, sino entre los de arriba y los de debajo, entre los explotadores y los explotados, entre los oligarcas y “la plebe”, entre los ricos y la “chusma”, entre los identificados con los de arriba y los “chairos” que prefieren identificarse con los de abajo. Esta división de clases existe en cualquier sociedad y su encubrimiento sólo puede servir a quienes dominan a los otros. Lo mejor para los dominados es que puedan reconocer que sus peores enemigos no están en otros países, sino aquí en México, entre sus opresores de siempre. Desde luego que el régimen de López Obrador no acabará con la opresión, pero ya es una excelente señal que los opresores estén protestando contra el régimen.
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Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. Fuente: Rebelión.org


jueves, 21 de mayo de 2020


López Obrador propuso un modelo “todo nuevo”, que deseche las recetas de los organismos financieros

Gerardo Villagrán del Corral
El presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador (AMLO) seguró que para hacer frente a la crisis económica que generó el Covid-19 se requiere un modelo del todo nuevo, que definió como Estado de bienestar igualitario y fraterno, basado en democracia, justicia, honestidad y austeridad, y destacó que el coronavirus precipitó el derrumbe del modelo neoliberal.
Indicó que el nuevo modelo debe desechar las recetas de los organismos financieros internacionales, supuestamente orientadas a revertir las crisis recurrente, pero que provocan nuevos ciclos de concentración de la riqueza, nuevas espirales de corrupción, crecimiento de la desigualdad, ensanchamiento de los abismos sociales entre las regiones y entre lo urbano y lo rural,
En su ensayo La nueva política económica en los tiempos del coronavirus, resaltó que el Estado debe tener como propósito principal la promoción del desarrollo para garantizar el bienestar del pueblo, dando preferencia a la población pobre. Para AMLO, la crisis actual permite visualizar nuevos horizontes y hay que aprovechar de este crítico interludio para avanzar con un renovado planteamiento de justicia social.
López Obrador sostiene que el problema de fondo no es el Covid-19, sino el sistema de organización social hegemónico basado en la explotación y la dominación de unos seres humanos sobre otros, y de todos los humanos sobre la naturaleza; y que  el neoliberalismo no es solo una teoría económica, sino un esquema completo de valores y una constelación específica de poder político y social; y por ende, el mundo posneoliberal no debe implicar un simple retorno nostálgico a las viejas teorías del estado de bienestar y las políticas keynesianas contracíclicas, sino el lanzamiento de nuevas ideas y prácticas,.
López Obrador insiste en que el nuevo planteamiento posneoliberal se debe construir a partir de las especificidades y las idiosincrasias de cada país, tras abordar la problemática actual de manera estructural e integral e invita a dejar el camino trillado de las últimas cuatro décadas y buscar uno del todo nuevo a partir de una reinterpretación de nuestra historia y tradiciones, y tatificó que el nuevo plan de gobierno es acabar con la corrupción, en vez de conseguir líneas de crédito para endeudar al país, y terminar con la impunidad a fin de liberar fondos para el desarrollo.
El presidente explicó que la meta es otorgar apoyos a 70 por ciento de los mexicanos en esa condición, y al 30 por ciento restante, que tiene mejores ingresos, nuestro modelo le da posibilidad de hacer negocios, obtener ganancias lícitas y progresar sin trabas o ataduras. Aseguró que la ratificación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá atraerá más inversión extranjera, y sostuvo que a pesar del coronavirus, de enero a marzo la inversión foránea fue de 10 mil 334 millones de dólares, 1.7 por ciento más que en el mismo trimestre del año pasado. “La vecindad con la economía más fuerte del mundo en las circunstancias actuales de recesión global nos ayudará a impulsar nuestras actividades productivas y a crear nuevos empleos. Es un hecho que el tratado atraerá más inversión extranjera para la industria de exportación”, señaló en el texto de 30 cuartillas.
El Presidente busca remplazar la teoría del goteo, según el cual si llueve fuerte arriba gotea abajo, como si la riqueza fuera permeable y contagiosa, con una visión profundamente democrática en que todos los ciudadanos contribuyen con su pieza correspondiente en el gran rompecabezas de la economía nacional. Su primer punto del planeamiento económico es un concepto político: la democracia. En la actualidad, economía y democracia van de la mano; la separación entre el poder económico y el poder político se está convirtiendo en una realidad. Acorde al viejo esquema, la economía debe ser pura y tecnocrática y no dejarse contaminar por criterios políticos o ideológicos. En contraste, López Obrador plantea una economía moral y democrática que privilegia el bienestar y la felicidad en lugar del crecimiento y la mera eficiencia.
Simultáneamente, busca separar el poder económico y el poder político. Es decir, si bien hay que pensar la economía desde la política, esta política debe desarrollarse a partir del interés público en lugar de los intereses privados:. defender la autonomía del Estado frente a los poderes fácticos que buscan utilizar su dinero e influencias para doblar a las instituciones públicas. Cuestionó la lógica neoliberal de que el Estado debe limitarse a ser un simple gestor de oportunidades en materia económica y social, para en su lugar proponer un Estado garante de derechos en todos los ámbitos:
López Obrador destacó que su gobierno impulsa el desarrollo para el bienestar; “queremos construir la modernidad desde abajo, entre todos y sin excluir a nadie. Ese ‘abajo’ implica el protagonismo histórico que se han ganado los siempre desposeídos, oprimidos, despojados y discriminados, aquellos que han sido tradicionalmente atropellados por los grandes intereses económicos, ignorados por los medios de información convencionales y privados del ejercicio de sus derechos por el poder político”.
“Tras más de tres décadas de neoliberalismo rapaz, lo nuestro, lo ya emprendido, es una construcción colectiva en la que hay sitio para la vasta diversidad de posturas políticas, condiciones socioeconómicas, espiritualidades, culturas, regiones, idiomas, ocupaciones y oficios, edades, identidades y preferencias sexuales que confluyen en la población actual de México, sin discriminar a nadie”, indicó. 
Señaló que la prueba más fehaciente del fracaso de la política neoliberal en México se advierte con claridad en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, cuando se concentró la riqueza en pocas manos, y aunque la economía creció a una tasa promedio anual de 4 por ciento, se dio el mayor incremento de la desigualdad en la historia moderna de México. Nuestro plan de recuperación económica, aseveró, no se ajusta al modelo neoliberal o porfirista, se basa en desechar la obsesión tecnocrática de medirlo todo en función del mero crecimiento, lo fundamental es la distribución equitativa del ingreso y de la riqueza”.Advirtió que los ocho mil millones de dólares (ocho billones en inglés) , que de acuerdo con la revista Forbes poseen dos mil 95 personas es equivalente a 32 años del presupuesto federal de México.
El Presidente manifestó que el regreso a la nueva normalidad debe ir acompañado de la convicción de profundizar en los cambios ya iniciados por nuestro gobierno y poner atención en todo aquello que permita mejorar las condiciones de vida de los mexicanos para alcanzar una sociedad mejor.
AMLO dio a conocer el texto en redes sociales desde el recinto de Palacio Nacional donde se llevó a cabo el juramento de la Constitución liberal de 1857. Lo dedicó a enfermos y dolientes por la pandemia de Covid-19 y expresó que “no son ocurrencias, esto es producto de la reflexión y de la experiencia, recogiendo los sentimientos de nuestro pueblo”.
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Gerardo Villagrán del Corral es antropólogo y economista mexicano, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico CLAE, www.estrategia.la