Estados Unidos y Venezuela: Contexto histórico
James Petras
Fuentes:Rebelión
"Venezuela posee las mayores reservas de petróleo
del mundo. Ellos las tienen y nosotros las queremos" (Funcionario
anónimo de la Administración Trump)
Introducción
La hostilidad hacia Venezuela y las iniciativas
estadounidenses para derrocar a su gobierno forman parte de la larga e
ignominiosa historia de intervenciones de EE.UU. en América Latina que se
remonta a la segunda década del siglo XIX.
En 1823, el presidente Monroe declaró en la doctrina que
lleva su nombre el derecho de EE.UU. a mantener alejados de la región a los
europeos, junto con el derecho de EE.UU. a intervenir para favorecer sus
intereses económicos, políticos y militares.
Vamos a resumir en este artículo las fases históricas de la
intervención política y militar de Estados Unidos en la región con el fin de
favoreces los intereses de las empresas y los bancos de ese país, así como los
movimientos sociales y políticos latinoamericanos que se le han opuesto a lo
largo del tiempo.
El primer periodo comprende desde finales del siglo XIX a la
década de los treinta, e incluye intervenciones de los marines, la
implementación de dictaduras clientelares y la resistencia popular liderada por
figuras revolucionarias en El Salvador (Farabundo Martí), Nicaragua (Augusto
Sandino), Cuba (José Martí) y México (Lázaro Cárdenas).
Luego resumiremos las intervenciones posteriores a la
Segunda Guerra Mundial, el derribo de gobiernos populares y la represión de los
movimientos sociales en Guatemala (1954), el golpe de Estado de Chile (1973) y
la invasión de República Dominicana (1965), Granada (1982) y Panamá (1989).
Terminaremos examinando las iniciativas estadounidenses para
derrocar al gobierno venezolano (desde 1998 hasta la actualidad).
Política de Estados Unidos en América Latina: Democracia,
dictaduras y movimientos sociales
El general estadounidense Smedley Butler resumía sus 33 años
en el ejército afirmando que «[he sido] un músculo que trabajaba a favor de las
grandes empresas, Wall Street y los banqueros […] Contribuí a mantener a salvo
los intereses petroleros en México en 1914. Ayudé a que Cuba y Haití se
convirtieran en lugares decentes para que el National City Bank pudiera recoger
beneficios […] Colaboré en el saqueo de media docena de repúblicas
centroamericanas en beneficio de Wall Street. Ayudé a purificar Nicaragua para
el Banco de Brown Brothers entre 1902 y 1912. Favorecí los intereses de la
industria azucarera estadounidense en República Dominicana en 2016. Contribuí a
que Honduras aceptara las compañías fruteras en 1903 […] Cuando miro hacia
atrás, ¡pienso que podría haber dado algunos buenos consejos a Al Capone!
En los primeros 40 años del siglo XX, Estados Unidos invadió
Cuba convirtiéndola en una cuasi colonia y repudiando al héroe de su
independencia José Martí; proporcionó asistencia militar y asesoría al dictador
de El Salvador, asesinó a su dirigente revolucionario Farabundo Martí y a
30.000 campesinos sin tierra que pretendían la reforma agraria. Intervino en
Nicaragua, combatiendo a su líder patriótico Augusto Sandino e instaló una
dinastía dictatorial dirigida por los Somoza, que se mantuvo en el poder hasta
1979. También intervino en Cuba en 1933 para instalar una dictadura militar que
reprimiera el alzamiento de los trabajadores del azúcar. Entre 1952 y 1958,
Washington armó a Batista en su lucha contra el movimiento revolucionario 26 de
Julio, liderado por Fidel Castro. A finales de los treinta, EE.UU. amenazó con
invadir México cuando su presidente, Lázaro Cárdenas, nacionalizó las compañías
petroleras estadounidenses y redistribuyó la tierra entre millones de
campesinos sin acceso a ella.
Tras la derrota del fascismo (1941-1945), se produjo un
crecimiento significativo de gobiernos socialdemócratas en América Latina, a
los que EE.UU. se oponía. En 1954, derrocó al presidente electo de Guatemala,
Jacobo Arbenz, que había expropiado las plantaciones bananeras de la United
Fruit Company. Apoyó un golpe militar en Brasil en 1964, que mantuvo el poder
veinte años. En 1963, derrocó al gobierno de Juan Bosch, elegido
democráticamente, e invadió República Dominicana para evitar un levantamiento
popular. En 1973 respaldó el golpe militar chileno que derrocó al presidente
socialista Salvador Allende y sostuvo el régimen militar del dictador Augusto
Pinochet durante casi veinte años. Posteriormente, EE.UU. ocupó Granada en 1983
y Panamá en 1989.
Estados Unidos sostuvo a los regímenes derechistas de la
región que apoyaban a los oligarcas de la banca y las grandes compañías
estadounidenses, los mismos que explotaban los recursos, a los trabajadores y a
los campesinos.
Pero a comienzos de los noventa, poderosos movimientos
sociales encabezados por trabajadores, campesinos, funcionarios de clase media,
médicos y profesores desafiaron la alianza entre las élites gobernantes de
EE.UU. y las distintas naciones. En Brasil, el Movimiento de los Sin Tierra,
que agrupaba a 300.000 campesinos, consiguió la expropiación de grandes
latifundios improductivos; en Bolivia, los mineros y campesinos indígenas,
incluyendo a los cocaleros, derribaron a la oligarquía. En Argentina, las
huelgas generales y los movimientos de masa de desempleados consiguieron echar
a los gobernantes corruptos aliados del City Bank. El éxito de los movimientos
nacionalistas y populistas llevó a la convocatoria de elecciones libres que
ganaron presidentes progresistas de izquierdas en toda América Latina,
especialmente en Venezuela.
Venezuela: elecciones democráticas, reformas sociales y
triunfo del presidente Chávez
En 1989, los programas de austeridad impuestos por el
presidente de Venezuela, con el respaldo de EE.UU. dieron paso a
manifestaciones de protesta (el Caracazo) fuertemente reprimidas por la policía
y el ejército, que causaron cientos de muertos y heridos. Hugo Chávez, un
oficial del ejército, se rebeló y apoyó la revuelta popular. Fue detenido,
encarcelado, posteriormente liberado y se presentó como candidato a la
presidencia. En 1999 resultó elegido por un amplio margen sobre la base de un
programa de reformas sociales, nacionalismo económico, fin de la corrupción e
independencia política.
Washington inició entonces una campaña de hostilidades para
que Chávez se uniera a la guerra global del presidente Bush en Afganistán y el
resto del mundo. Pero Chávez se negó a someterse, afirmando: «No se combate el
terror con el terror». A finales de 2001, el embajador de EE.UU. se reunió con
la élite empresarial y un sector del ejército para destituir a Chávez mediante
un golpe de Estado que se produciría en abril de 2002. El golpe apenas duró 24
horas. Más de un millón de personas, la mayor parte residentes de los barrios
de chabolas, marcharon hacia el palacio presidencial con el apoyo de los
militares leales. Derrotaron el golpe y restituyeron a Chávez. A partir de ahí,
Chávez ganó una docena de elecciones democráticas y referendos a lo largo de la
década siguiente. El presidente Chávez triunfó, en buena medida, gracias a su
programa exhaustivo de reformas socioeconómicas a favor de los trabajadores, desempleados
y clase media.
Construyó más de dos millones de casas y apartamentos, que
se distribuyeron de forma gratuita entre las clases populares; cientos de
clínicas y hospitales que ofrecían sanidad gratuita en los barrios más pobres;
universidades, escuelas de formación y centros médicos para estudiantes de baja
renta con acceso libre.
Miles de personas debatieron y votaron temas políticos y
sociales en los centros comunitarios de los barrios, incluyendo críticas y
destituciones de políticos locales, algunos incluso funcionarios chavistas.
Entre 1998 y 2012, el presidente Hugo Chávez ganó cuatro
elecciones presidenciales directas, varias mayorías en el Congreso y dos
referendos nacionales, obteniendo entre el 56% y más del 60% de los votos. Tras
su muerte, el presidente Maduro ganó las elecciones en 2013 y en 2018, aunque
por un margen menor. La democracia floreció y las elecciones fueron libres y
abiertas a todos los partidos.
Como los candidatos respaldados por EE.UU. eran incapaces de
ganar elecciones, Washington recurrió a los disturbios callejeros violentos e
hizo un llamamiento a la rebelión en el ejército para revertir los resultados
electorales. El presidente Obama optó por aplicar sanciones al país, que Trump
profundizó. Estados Unidos ha incautado miles de millones de dólares en activos
venezolanos y en las refinerías petroleras en Estados Unidos. Luego escogió un
nuevo presidente (no elegido), Guaidó, cuya misión era subvertir al ejército
para que tomara el poder.
Pero no lo consiguieron: apenas cien soldados, de a un
ejército de 267.000 efectivos, y unos pocos miles de simpatizantes de derechas
secundaron la llamada. La revuelta de la «oposición» fue un completo fracaso.
Este fracaso de Estados Unidos era previsible, pues la masa
de votantes defiende sus logros socioeconómicos, su control del poder local, su
dignidad y su derecho a ser respetada. Más del 80% de la población, incluyendo
la mayoría de la oposición, se opone a una invasión de EE.UU.
Las sanciones económicas de Estados Unidos han contribuido a
una hiperinflación y a la muerte de unos 40.000 venezolanos debido a la escasez
de suministros médicos.
Conclusión
Estados Unidos y la CIA han continuado aplicando la
estrategia que tan buenos resultados les dio el siglo pasado para intentar derribar
al gobierno venezolano y hacerse con el control de sus recursos petroleros y
minerales. Al igual que entones, han intentado imponer un dictador sumiso que
reprimiría los movimientos populares y subvertiría los procesos electorales
democráticos. Washington pretendía imponer un aparato electoral que asegurara
la elección de líderes manejables, como hizo en el pasado y ha hecho en época
reciente en Paraguay, Honduras y Brasil.
Por el momento, Washington no lo ha conseguido, en buena
parte porque el pueblo ha defendido sus logros históricos. La mayor parte de
los pobres y los trabajadores son conscientes de que una invasión y ocupación
por parte de Estados Unidos produciría una masacre y la destrucción de su
soberanía y su dignidad.
El pueblo es consciente de la agresión de Estados Unidos y
de los errores del gobierno venezolano. Y quiere correcciones y
rectificaciones. El gobierno del presidente Maduro está a favor del diálogo con
la oposición no violenta. Los venezolanos están desarrollando lazos económicos
con Rusia, China, Irán, Turquí, Bolivia, México y otros países independientes.
Latinoamérica ha sufrido décadas de explotación y dominación
por parte de Estados Unidos, pero también cuenta con una historia de
resistencia popular exitosa, incluyendo las revoluciones de México, Bolivia y
Cuba, y los movimientos sociales y triunfos electorales posteriores en Brasil,
Argentina, Ecuador y Venezuela.
El presidente Trump y su séquito asesino compuesto por [el
secretario de Estado Mike] Pompeo, [el consejero de seguridad John] Bolton y
[el emisario especial para Venezuela Elliott] Abrams han declarado la guerra al
pueblo de Venezuela, pero por el momento han sido derrotados.
La lucha continúa.
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La Tijereta ha publicado este artículo con el permiso del
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Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo